martes, 14 de abril de 2009

Autor: Alejandro (7 años)

LA VIUDA NEGRA Y LA COBRA.
En dos jaulas contiguas la terrible “Viuda negra” y la mortífera cobra, llamada Naja, veían aburridas como pasaba la gente.
Mientras el vigilante limpiaba la guarida de la araña ésta se escapó por su sitio secreto. Nadie se dio cuenta. Se introdujo en la jaula de Naja.
La viuda llevaba sus hijitos en la espalda y cuando crecieron la jaula de Naja se llenó de arañas venenosas.
La serpiente había puesto también muchos huevos y nacieron muchas cobras. Y pelearon las unas contra las otras. Las arañas recién nacidas se metían en la boca de las serpientes y consiguieron matarlas a todas.
De repente los niños que visitaban el Parque de las Ciencias empezaron a morir misteriosamente.
Más tarde más gente empezó a morir en Granada, España y luego por todo el mundo.
Un científico descubrió lo que pasaba e inventó un “aplasta arañas” súper potente.
Fue el héroe del Mundo.
FIN.
Firmad0: ALEJANDRO SALAZAR.

lunes, 6 de abril de 2009

PARTICULAR NAVIDAD DE UN NARRADOR DE HISTORIAS

Publicado en el libro: Copos De Nieve en Navidad 2006/2007

“Un ascensor cae desde un octavo piso. Sus tres ocupantes resultan muertos”

Este titular apareció en los periódicos el día veinticuatro de diciembre, cuando todo el mundo hacía los preparativos de Navidad.
Se trataba de un edificio típico de Madrid con pisos buenos, aunque no lujosos. Las gentes que allí vivían solían quedarse de por vida. Se conocían unos a otros superficialmente, pero había alguien que no se conformaba con eso; quería saber más… Más de cada uno de los vecinos.
Se trataba de Juan. Juan había vivido en la casa desde que nació. Su vida de trabajo había pasado sin pena ni gloria. Vida de soledad casi exenta de emociones, ni siquiera los típicos escarceos amorosos de juventud. Siempre había huido de todo aquello que hubiese podido producirle la más mínima inquietud.
Era un lector infatigable, de esos que anda perdido al terminar una novela hasta que se sumerge en la siguiente. Esto está muy bien… pero en su caso surgía la preguntita: ¿Hay vida después de la lectura? ¡NO! No, en su caso. No tenía vida más allá de la de los personajes de los libros que leía. Era tranquilo con aspecto de buena persona. Su mirada huidiza denotaba inseguridad y solía lucir una tímida sonrisa que quedaba disimulada debajo de un bigote, del que estaba secretamente orgulloso.
Vivió con sus padres hasta que murieron los dos, casi a la vez y casi de la misma enfermedad. Almas gemelas, pensaba Juan. Pero como era de poco sufrir, ni siquiera eso le había hecho demasiada mella.

El tiempo pasa muy rápido y un buen día Juan se encontró a sí mismo, disfrutando de una jubilosa jubilación. Gozó de ello al principio. Pero poco a poco, los días resultaron ser demasiado parecidos entre sí y decidió hacer algo que siempre le había apetecido: Escribir.
Necesitaba un ordenador, una de sus armas de trabajo antes y ni corto, ni perezoso, se compró uno y empezó a asistir a un taller de escritura creativa.

Le sorprendió lo fácil y agradable que le resultaba aquello y animado por un buen profesor, se fue metiendo más y más en poemas, narraciones, cuentos y todo lo que se suele hacer en un taller de escritura.
Escribía con fluidez y no tenía problemas, por regla general, para expresarse y plasmar en el papel lo que le pasaba por la cabeza. Recordemos que siempre había sido un lector empedernido. Lo malo es que, precisamente, pocas eran las ideas que tenía en mente. Su vida carecía de interés. Era de lo más anodina.
Ni siquiera la Navidad tenía nada especial para él. Todas y cada una de ellas, habían sido casi iguales; antes, cuando vivían sus padres y ahora que estaba tan solo.
Unos meses antes de aquella Navidad última, una de las concejalías del barrio donde vivía convocó un pequeño concurso de relatos y poemas. Tímidamente, animado por el profesor y basándose en un viajecito que había hecho en cierta ocasión, presentó una pequeña historia de su invención que había conseguido hilvanar con cierta habilidad.
Pasaron un par de meses y un jurado benévolo tuvo a bien otorgarle un premio.
Siendo como era, un ser que nunca había resaltado en nada, el galardón tuvo para él, un efecto desproporcionado y empezó a obsesionarse con conseguir algo más de notoriedad.
Su nueva afición empezó a convertirse en obsesión. Escribía y escribía y a veces conseguía que su profesor y sus compañeros de taller alabasen algo suyo y eso llegó a ser para él una especie de frenesí rayano en el paroxismo.
Una obsesión llegó a dominarlo todo: BUSCAR NUEVAS HISTORIAS PARA SUS RELATOS.

Buscando fuentes de información se fue acercando al portero del inmueble, que sentado en su garito le ofrecía un asiento, conversación y frecuentemente temas (basados en el más vulgar de los cotilleos), para sus anheladas y creativas horas enfrente del ordenador.
Para mayor acercamiento, los dos juntos (el portero y él) pusieron en el portal los típicos adornos de Navidad: Bolas de cristal, guirnaldas y lucecitas. Sin olvidar, por parte del portero, una bandejita con polvorones y algunas chucherías, ya que con eso, el hombre, se trabajaba las anheladas propinillas.
Para conseguir cierta intimidad, dejó Juan de lado sus verdaderos sentimientos sobre la Navidad, que no significaba nada de nada y así, la amistad pareció fortalecerse.
Casi sin ser vistos podían observar desde aquel cuchitril, todo lo que ocurría en el vecindario y Juan aportaba, a veces, una botellita de cualquier vinillo para, como él decía: darle color a la conversación.
Cada vez más obsesionado pensaba: mi vida tan normal, resulta anormalmente aburrida y se fue imbuyendo de la idea de buscar y buscar y buscar, algo verdaderamente interesante.
Resultó que la gente de su entorno, era como él, de lo más normalita; al menos se lo parecían. Sus dotes observadoras crecían y él seguía al acecho de un gran argumento para sus escritos.
De repente un día, una luz se encendió en su cabeza y empezó a ver con nuevos ojos críticos. Se dio cuenta, de que no había que ir muy lejos para encontrar. Lo tenía al alcance de la mano.
Observando se dio cuenta de que tres mujeres cercanas a él tenían unas características un tanto peculiares.
Solían ir juntas, sumidas en sus charlas susurrantes acompañadas de miradas inquisitorias que provocaban, en los que se cruzaban con ellas, sensaciones del tipo: ¿Llevaré la cremallera abierta? ¿Tendré alguna mancha horrible? ¿Se me habrá descosido algo? Pero la gente suele tener ocupaciones y preocupaciones reales y las olvidaba inmediatamente.
Él las observaba con minuciosidad y recababa información sin cesar.
Una de ellas, por ejemplo, vivía también en completa soledad. Se llamaba Elena.
Perdió a sus padres, relativamente jóvenes todavía, por enfermedad y más tarde a sus hermanos, por avaricia.
Se erigió ella solita, en heredera universal y de resultas, decidió quitarse a los hermanos de encima. Quizá influyó en ella, una terrible meningitis, sufrida años atrás y que se complicó con una hemiplejia ¿Se le iría la cabeza o era simplemente afán de acaparar? ¿Quien sabe… ?
En su juventud fue una mujer inteligente y en cierto modo atractiva. Pero la inteligencia tiene diversos campos, en los que desarrollarse. La de Elena era de tipo académico. La otra, la inteligencia emocional, era un auténtico fracaso. Nunca supo rodearse de gente que la quisiera bien. No sabemos que es lo que ella valoraba.
Tuvo varios pretendientes, muchachos buenos, que hubiesen sido capaces de hacerla feliz, pero todos tenían defectos: Orejas de soplillo, un pequeño tartamudeo, otro tenía “cara de imperdible”, o un acento que no le gustaba… cosas de este tipo. Siempre había un motivo para burlarse despiadadamente de ellos y cuando no lo encontraba, surgía la gran tontería: “Mi padre era el único hombre que merecía la pena”
Su padre fue, en verdad, un hombre muy especial; pero en ningún modo: irreemplazable. No hay nadie que lo sea.
A los hermanos los alejó innecesariamente, después de hacerse dueña de todo lo de los padres y quedarse ella sola con piso, joyas, cuadros y colecciones muy valiosas, que el padre había reunido, diciendo siempre que todo aquello, el día que él faltara, sería para sus hijos. Digo, innecesariamente, porque nadie le reclamó nunca nada, en realidad, ni siquiera el único que en aquel momento hubiese necesitado un techo bajo el que guarecerse.
Pero nada se perdona peor a los demás, que el haber obrado mal uno mismo y haber sido injusto. La conciencia, posiblemente a modo de autodefensa, tergiversa los hechos de forma que el que comete el agravio se cree a su vez, el agraviado.
Su propia conducta la alejó, pues, de todo su entorno anterior. Los que todavía conservaban su aprecio la rehuían, por la imposibilidad de aguantar su conversación monotemática: “Yo, yo, yo… ”
Escuchar a los demás, tampoco era lo suyo. En cierta ocasión un familiar suyo sufrió una explosión de gas en la casa, de tal calibre, que casi acaba en tragedia. Al enterarse no fue capaz ni de interesarse por cómo habían escapado al tremendo susto En otro momento alguien le dijo: “Estoy hundido porque mi mujer tiene un cáncer galopante” y contestó “¡Vaya… Qué faena! ¡Pues sí!... El gato del señor del tercero, cada vez que me ve, se frota contra mis piernas… ¡Más mono!”
Son ejemplos que valen para hacerse una idea de lo que era su conversación y del nivel de egocentrismo al que había llegado.
Habría mucho que contar de las relaciones que posteriormente llegó a tener con otros hombres, todas ellas (¡por descontado!) en el ámbito más estricto de la pureza, ya que el sexo fuera del matrimonio era pecado y ellas (las tres amigas) eran santísimas y purísimas ¡No faltaba más!
De todas formas, ya mayorcita, llegó a interesarse por un par de hombres. Uno, resultó estar casado y cuando Elena se enteró, se apresuró a cortar su relación con él.
EL otro: Carlujo, era también un tipo curioso. Juan consiguió enterarse de muchas cosas:
El matrimonio, que tanto le hubiese gustado a ella, estaba totalmente fuera de los planes de Carlujo, a pesar de lo cual fue objeto de una adoración enfermiza. Más de diez años mayor que ella, el buen señor, se dejó adorar en una relación platónica, hasta que murió, muchos años después. A él también debió, resultarle aceptable esta especie de noviazgo, incluso placentero por lo compartimentada que tenía su propia vida; simplemente, por eso.
Compartía su vida con su madre, tres hermanas también solteras y una gata. Así pues de la madre tenía justamente eso: amor de madre. Las hermanas se ocupaban de mantenerlo limpito, comido y atendido y a la gata le reían, todos ellos las gracias; cuando por ejemplo, cazaba algún pajarillo que no se comía hasta que los amos lo habían visto.
Su especialidad era hablar “ex cátedra” y cualquiera que fuese el tema tratado, aconsejaba sin fin a sus interlocutores, que procuraban darle esquinazo a la primera ocasión.
En su casa lo tenía todo solucionado y el resto de sus necesidades eran también satisfechas, previo pago, por una de las muchas mozas, que a eso se dedican.
Con lo cual, el cometido de Elena se reducía a acompañarlo a tomar copitas sin fin, de compras, a escuchar sus batallitas y sobre todo a lo que hemos dicho antes: reverenciarle y servirle en cualquier cosa (ajena al sexo) con una devoción sin límite. ¡Ella, que tanto se había burlado de otros hombres, con muchas más cualidades!
La relación con este señor, trajo consigo (no se sabe muy bien por qué), el desprecio más absoluto para Elena, por parte de las cuatro mujeres de aquella familia de solteros (que también las hay), de forma que se vio sometida a las más estúpidas y absurdas vejaciones. Ni la avisaron siquiera en el momento en que murió, de una penosa enfermedad, durante la cual Elena sola había sido la más asidua enfermera, cargando con tareas que nadie más estaba dispuesto a hacer. Ausente en el momento fatal, no pudo ni asistir al entierro; nadie la avisó y mucho le tuvo que doler, pues era auténtica, la veneración que le profesaba.
De todo esto, se fue enterando Juan y empezaba a entrever en todo ello el tema para su gran narración. Pero: Faltaba algo… no sabía muy bien el qué. ¡Necesitaba más emoción!
A las otras dos amigas, no pudo llegar a conocerlas tan bien. No vivían directamente en el mismo edificio y las informaciones del portero eran menos completas.
Tenían, en cualquier caso y con pocas variantes una mentalidad casi calcada.
Eso de que Dios las cría… Estas dos, sin embargo, habían estado casadas. En nuestra época en la que tanto se habla y con razón del maltrato en la pareja, habían tenido ellas la suerte de tener dos buenos maridos (uno cada una, ¡claro!)
Juan decidió que en su narración pasaría por alto, casi todo lo referente a ellas. Ramona era una mujer verdaderamente insidiosa, que hizo mucho daño en la familia con sus críticas infundadas, pero Juan decidió aludir únicamente al hecho de que el marido de esta Ramona, le recordaba a un personaje de Alphonse Daudet, en uno de sus Cuentos del Lunes: "El hombre del cerebro de oro "
Este personaje (el del cuento), bondadoso en extremo y de una ternura extraordinaria (suelen ser así los protagonistas de Daudet), había tenido la debilidad de dejar traslucir el hecho de que su cerebro, además de ser de oro; pedacito a pedacito podía servir para comprarle caprichitos a su querida mujercita. La amada, zalameramente, pidió, como regalo fatalmente póstumo, unos lindos zapatitos de seda y en ellos se fue el resto del oro y lo que al enamorado le quedaba de vida. Juan pensaba, al leer esto, en el hombre de Ramona; por algo sería.

Juan no descartaba escribir algo en el futuro, más completito, inspirándose en esta mujer, porque lo que de ella sabía le parecía alucinante también.
La tercera señora era la peor de todas: poco agraciada y desagradable. Eso no necesitaba Juan que se lo dijese el portero, porque él lo sufría en sus carnes, cada vez que se cruzaba con ella; él y el resto de los vecinos.
Pero el más afectado también en este caso, era el marido. Un hombrecillo delgadito muy majo, que parecía un pajarito de flacucho y poca cosa que era. Era muy agradable y lo pasó mal, porque la mujer había sido captada por una de esas sectas, especialistas en destrozar familias y en el lavado de cerebro de los que caen en ellas. En este caso lo consiguieron plenamente. Cuando él echaba de menos alguna satisfacción para su cuerpecito serrano y ante la “gran espiritualidad” de su mujer solía comentar: “Se ha metido en mi cama”, refiriéndose a la secta, evidentemente. El pobre hombre acabó solo y murió poco tiempo después.
Estos detalles iban siendo acumulados en las notas de nuestro escritor, que seguía obsesionado por conseguir más detalles.
Empezó a dormir mal y una mirada extraviada brillaba de vez en cuando en sus ojos. Sus compañeros de Escritura pensaban que su dedicación al Taller y a escribir, era extraordinaria y le preguntaban con frecuencia por su salud, porque el estado de ensimismamiento en que lo veían, empezó a parecerles peculiar. Después de clase se separaban y como nadie había intimado con él, lo olvidaban.
El portero que nunca había hecho amistad con los otros vecinos, empezó a encontrarlo raro. Pasaba demasiado tiempo en la portería y se empezaba a poner tan pesado con las preguntas, que hasta él, que era cotilla por naturaleza, empezaba a cansarse.

Llegó el día 23 de Diciembre. Eran las doce del mediodía, el ascensor empezó a hacer un ruidito, como de algo que roza y el portero avisó al servicio de mantenimiento.
Otras veces ya había pasado; no parecía tener importancia. Un técnico apareció por allí para revisar, cables y maquinaria.
Juan y el portero seguían juntos en el garito de la portería. El técnico ocupado en lo suyo, estaba arriba, en la sala de máquinas.
Una vecina bajó a la portería para avisar de que en su casa había una fuga de agua.
El portero más solícito de lo habitual, en espera de la propina de Navidad, la acompañó a su piso. Bajó el técnico y le dijo a Juan, solo allí, en ese momento: ”Afortunadamente han avisado Vds. Hay un cable casi suelto; está muy peligroso. No hubiese aguantado otro viaje. Voy arriba a interrumpir el servicio”
Colgó un cartel con un “FUERA DE SERVICIO” muy grande en la puerta del ascensor y emprendió presuroso la subida; por la escalera, esta vez.
Juan, siempre al acecho, vio que las tres damas se acercaban por la acera. Iban despacio parándose para charlar. Malévolo en su enfermizo afán, se acercó al ascensor y cogiendo el cartel lo escondió bajo su chaqueta. Se sentó y esperó.
… Y mientras esperaba enajenado, afilaba mentalmente su lápiz, relamiéndose de pensar en el relato que escribiría. Una mirada de demencia brillaba en sus ojos.
Ni siquiera el estruendo del ascensor al caer, lo sacó de su ensimismamiento.
Por fin este año tendría: UNA FELIZ NAVIDAD.
Fin y conclusión. “Un ascensor cae desde un octavo piso. Sus tres ocupantes resultan muertos” ÁNGELA MAGAÑA

jueves, 2 de abril de 2009

GENTE FAMOSA. TAREA 23

No olvidaba que había nacido en una granja y que en sus años mozos había tenido que cuidar cerdos y otros animales.
Ahora decían de ella que era el animal más bello del mundo. Su labia dejaba mucho que desear y también su forma de actuar; nadie lo notaba.
Llegó a España para rodar en Cataluña (en Tossa) una película con Mario Cabré. Nuestro país y la apasionada forma de vivir de la gente del mundo del toro la arrastró y una noche (sólo una, aseguraba ella) de copas y farra despertó en la cama con su torero: Mario Cabré.
Él tenía una personalidad compleja y ante tan monumental mujer le salió la vena poética y se dedicó a escribirle sonetos.
A Ava después de un matrimonio corto y desastroso con Mickey Rooney aquello le causaba una gran impresión; anhelante como estaba de ternura y admiración.

Cuando todo esto llegó a los oídos del hombre con el que estaba comprometida, Frank Sinatra, la reacción fue inmediata. Abandonó todo, viajó a España, e irrumpió bruscamente en el plató donde estaban rodando.
“Mientes” dijo ella en un principio;” No ha habido nada entre nosotros, somos compañeros de rodaje. Tú eres muy mal pensado”. Siguió: “Tú todavía tienes esposa y dices que te vas a divorciar pero nunca llega el momento”
La respuesta fue digna de aquellos tiempos en el que el hombre “era muy hombre”. Debió pensar, con música y todo “Esto lo arreglo yo: a mi manera” y bofetada que le soltó.
Tierna y apesadumbrada se le acercó llorando y le besó sumisamente.
Después, mientras él atendía a sus admiradores, la acongojada Ava se retiró a su camerino a intentar recomponer su maquillaje y sus enrojecidos ojos.
El torero la siguió y en un abrazo de despedida le susurró al oído: “Muchas heridas y revolcones he tenido que sobrellevar. Si tú me dejas por ese gángster, mi dolor será mayor que el que me hubiese hecho un miura. Lo nuestro no ha sido un simple revolcón; no he conocido a nadie como tú; ha sido algo sublime, eres única y si lo deseas siempre lucharé por mantenerte a mi lado.
Todos sabemos a quien eligió… Yo que soy muy mala sitúo un pensamiento en su cabeza preciosa de diosa adorada. “Que me quiten lo bailado”
ÁNGELA MAGAÑA.


.

viernes, 27 de marzo de 2009

EL RASTRO. TAREA 22

EN EL “RASTRO”

Corría el año 1950. Mi padre me llevaba de la mano e íbamos contemplando ese mundo sumamente pintoresco e inmenso llamado “Rastro”.
Un hombrecillo escuálido paseaba lentamente mirando los mil artículos esparcidos por el suelo sobre mustios tapices. De todo había allí: gafas (más o menos enteras), ropas viejas, zapatos (a veces desparejados) y bibelots varios.
Hombrecillo: Interrumpí súbitamente mi paseo y quedé clavado frente a un montón de dentaduras viejas.” Eso es justamente lo que me está haciendo falta”; pensé. Sin dudarlo, me las fui llevando a la boca y empecé a probármelas. Encontré la que, más o menos, me convenía y eché mano al bolsillo. Después de mucho rebuscar conseguí encontrar una moneda y pagué.
Un viandante que me miraba atónito dijo: ¿Podrá Vd. comer con eso? A lo que contesté: “Sí, si consigo algo a lo que hincar el diente”
Mi padre: Era un domingo cualquiera, por la mañana. Llevaba a la niña de la mano y contemplábamos las mil curiosidades que siempre pueden verse en el “Rastro”. Sobre una simple manta en el suelo, unas dentaduras usadas ofrecían un aspecto cochambroso. Un pobre desdentado, un desgraciado, se agachó y empezó a probárselas: una tras otra. Pareció que una le convenía. Sacó una moneda del bolsillo y pagó. Se marchaba ya, cuando alguien le dijo: “¿Va Vd. a poder comer con eso?” A lo que él contestó: “Sí, si consigo algo a lo que hincar el diente”
La niña que yo era en 1950: ¡Qué marranada, me muero de asco!
El vendedor: "He conseguido colocar una"
ÁNGELA

martes, 24 de marzo de 2009

AVATARES DEL DESTINO// AMOR IMPOSIBLE

AVATARES DEL DESTINO

Estas dos reflexiones están escritas en épocas diferentes; en la primera el ordenata era mi pesadilla, en la segunda no podía (no puedo) vivir sin él.

28/08/20Estas 07 Maquinita diabólica ésta. Se llama ordenador pero desordena .Se supone que almacena datos y conocimientos que uno mismo le proporciona, pero ¡No! Conmigo se porta fatal y me confunde y engaña. ¿Será porque rima con Magaña? ¿Será por malas artes de mi destino ya que nací durante un apagón y mis luces son poco luminosas?. Por añadidura su lentitud me exaspera y despierta mis más bajas pasiones, poniéndome al ciento veinte. Cuando espero que me hable en mi idioma, tan bonito y solo por fastidiar se dispara en inglés. ¿Qué he hecho yo para merecerlo? Pero, eso sí, la venganza también yo la almaceno en mi duro disco mental y aunque me hable en inglés, lo entiendo ¡No faltaría más! Y ahora: La pregunta clave. ¿Conseguiré vencerla (a la maquinita, claro) por el hecho de haber renovado mi matrícula en escritura creativa, para el año que viene? Eso espero y aprovecho para saludar a todos los que se unan a este ilusionante proyecto. Ángela Magaña

UNOS MESES MÁS TARDE: Os habla la misma que no hace tanto tiempo protestaba, se quejaba y hasta gruñía: Groh, Groh (esto son gruñidos) por culpa de mis continuas enganchadas con el ordenador ¡Efímera actitud la mía! Me avergüenza confesar que al irme de Motril y dejarte, mi corazón enamorado llorará por las noches... de amor frustrado. Oh RATÓN, dulce ratón ¿que voy a hacer yo sin tí? Viviré sin vivir en mí o ¿no será para tanto? ¡Pues no, no será para tanto! Pero echaré de menos mi clase de escritura creativa y a todos Vds. ¡Hasta pronto! ANGELA MAGAÑA

lunes, 23 de marzo de 2009

TAREA 21. DIVAGACIONES

La conquista del Oeste.

Ayer sin ir más lejos emprendí yo la mía.
Me dirigí a Jerez como los antiguos pioneros iban a tierras remotas, allende los mares, dispuestos a luchar con lo que se les pusiese por delante.
De Motril a Granada: primera etapa ¡autobús que te crió! De allí a Sevilla en tren (preferí no hacer escala en Dos Hermanas, porque creo que suele haber indios) y como tercera y última fase del viajecito: Sevilla/ Jerez. Amante era ella del camino de hierro y osó afrontar cualquier peligro. Tú, en cualquier caso, después de tratar con el hechicero que más hechizaba de los allí presentes, conseguiste conservar tu cabellera intacta. No te la arrancaron. Yo lo más que logré fue llegar con muy malos pelos.
Termino este desatino propio de mi diarrea mental actual y sin saber si he conseguido hacer la tarea 21 en la que se pretendía conseguir un protagonista errático, confuso y difuso. Como narrador protagonista: la confusa, errática, difusa e imprecisa he resultado ser yo/ tú misma o acaso ella misma. No lo se, no tengo ni idea.
Sólo se que él (no me gusta señalar) dirá: "ESTO NO ES UN CUENTO" y yo reconoceré humildemente que Caperucita Roja estaba en lo cierto cuando decía que el auténtico problema del lobo era el hambre atrasado, debido a la crisis y demás...
Vds. perdonen: no lo haré más. Ángela

viernes, 13 de marzo de 2009

TAREA 20: DEMASIADO INOCENTE

Creo que mi madre lo estaba viendo venir pero, a mis 11 años, no me había puesto todavía en antecedentes. Demasiado pronto, pensaba. Eran otros tiempos.
Me llegó el momento y al descubrirlo, horrorizada, creí que mi final había llegado.
Me preguntaba: "¿Qué me pasa?" y la respuesta era:"Debo estar muy enferma" No sólo era temor, la vergüenza era casi igual de intensa.
Muy cerca, en el cuarto de estar, mi hermano cuyas bromitas me perseguían, estaba con mi madre. ¿Cómo iba yo a decir delante de él lo que me pasaba?
Por fin me decidí y salí. Lloraba y llevaba la ropa colgando: "¡Mamá!"
Pero nadie me tomó el pelo aquella vez.
Mi madre me calmó y me explicó. Mi hermano mayor se limitó a revolverme el pelo cariñosamente.

TAREA 20: UNA MIRADA DE TUS OJOS

UNA MIRADA DE TUS OJOS.
Yo era todavía una niña, pero quizá… empezaba a dejar de serlo. La rutina de ir, cada día al colegio, en el autobús se convertía en una oleada de emociones inusitada. ¿Qué estaba yo descubriendo? Descubría, y… lo percibo ahora que el tiempo ha pasado, el despertar de mi sexualidad.
Coincidíamos a diario y todo consistía en devolver y mantener la mirada de unos ojos morenos y grandes, los de un desconocido muchacho que sólo debía ser un par de años mayor que yo ¡Qué intensidad de sensaciones despertaba en mi cuerpecito serrano ese pequeño intercambio amoroso! ¿Quién lo hubiese imaginado? Era algo que me hacía flotar y me hacía pensar que yo, no era yo. Nunca he olvidado aquellos ojos negros de mirada serena (como en la canción) y me pregunto si no fue aquel, sin yo saberlo, mi primer y desconocido amor.

sábado, 7 de marzo de 2009

TAREA 19.

Tarea 19

Inundación
La abuela Ángela, enferma, se limitaba a pasear lentamente por la primera planta de la casa familiar apoyándose en los muebles, solía llevar un rosario entre los dedos pero, aún impedida como estaba, seguía siendo el alma de la familia y llevando las riendas de todo.
Era verano y los nietos que estaban allí irían al cine a las seis de la tarde.
El pueblo rodeado de montañas era el receptáculo de todas las aguas de lluvia que caían a borbotones cuando se desataba alguna tormenta. El pueblo y el río que lo atravesaba.
A las cuatro a través de los cristales de la galería que daba a la vega vio el cielo oscurecerse cubierto de negrísimas y apretadas nubes.
Movió los labios y entre sus dedos deslizó una cuenta más de su rosario.
Los mayores ponían en las puertas de las casas “paraeras” de madera bien ajustadas para impedir la entrada del agua.
Los niños ajenos al peligro, esperaban la hora del cine como un gran acontecimiento. No había llegado todavía el momento.
La anciana señora observaba el ajetreo del pueblo a través de los cristales.
Llamó a los chiquillos y los reunió a su alrededor para entretenerlos.
El cielo se abrió de repente y el pueblo se vio sumergido en un torbellino de aguas que caía y en las del río que subían llevándolo por delante.
Desde la galería, otra vez, vieron cómo se derrumbaba la pared de una casita más cercana al río. Toda la fachada cayó y quedó dentro una especie de casa que de lejos parecía de muñecas con sus camas y sus muebles a la vista.
La peor parte se la llevó el local del cine, que se convirtió en un amasijo de barro y sillas, las del público, amontonadas ante la puerta única de la salida. La marca del agua estaba a casi tres metros de altura. Eran las 5,30 horas de la tarde.
Cuando al día siguiente supieron los detalles, la abuela Ángela apretó con más fuerza el rosario entre sus dedos.

miércoles, 4 de marzo de 2009

TAREA 18. ALGO MUY TRISTE

El 4 de marzo de 2009 18:00, angela-zucar escribió y corrigió:

TAREA 18. NARRADOR OMNISCIENTE. (corregido)
Murió el 16 de junio de 1964, habían pasado sólo unas horas.
Podía ver a su familia que, sumida en una gran congoja, velaba su féretro y esperaba a la hija. Era la más joven, estaba embarazada y debido a ello y a la rapidez vertiginosa de la enfermedad del padre y del desenlace (evidente sólo para él), nadie le había dicho nada; no se habían atrevido. Esperaban ahora su llegada.
El portal tenía un batiente cerrado, todos sabían lo que significaba. La mesita cubierta con un crespón negro y con el cuaderno de condolencias abierto, estaba preparada.
Salió la joven del coche y al ver el panorama se vino abajo.
¡No era verdad que estuviese sólo enfermo… !
Al entrar en la habitación donde él yacía, ignorante hasta entonces de la cruda verdad de la muerte, intentó cogerle la mano para besarla; no pudo: estaba rígida y fría.
Él la vio y pudo sentir por última vez el calor de su hija, su amor y también su dolor.
Pero él ya no sufría.

viernes, 20 de febrero de 2009

TAREA 18

TAREA 18. NARRADOR OMNISCIENTE.

El portal sólo estaba abierto en su mitad. Una vez dentro la mesita con un libro de condolencias abierto con un bolígrafo encima, esperaba la firma de los que iban llegando.
Él, que ahora podía verlo todo, percibió cómo salían del coche, derrotados por el largo viaje y la preocupación. El embarazo de ella era evidente ahora. Subió a la casa, los demás salieron a recibirlos entre doloridos abrazos.
Ella nunca, nunca, nunca… había tenido contacto con la muerte y menos aún la de alguien tan cercano. Nadie la había puesto en antecedentes. No se habían atrevido por su estado. Sin ser consciente apenas de lo que hacía, entró en el cuarto donde él yacía en el féretro abierto. Ella que le creía enfermo…
Acostumbrada a sus manos calientes y queridas se acercó para cogerle una y llevársela a los labios, pero estaba fría, fría y rígida…”Papá” dijo en un lamento y empezó a comprender. La realidad se impuso, terrible.
Pero no todo cayó en el vacío… Le llegó, a él, el beso y el dolor de la hija.

martes, 17 de febrero de 2009

NOSTALGIA.

17/02/2009
Quiero poder escapar deste Motril puñetero
Quererte, sí que te quiero
Más ¿dónde está el ferrocarril?
¿Dónde un aeropuerto austero?
Hijos míos que vagáis por un mundo traicionero
Lejos estáis de MAMÁ
Y también del padre bueno.
Lo de ser madre no es coña
Os echo de menos. ¡Me muero!

domingo, 15 de febrero de 2009

POR MALO/CUENTO BREVE

Estaba muy incómoda dentro de la barriga del lobo, ácida y maloliente. Se le clavaba en la espalda el codo de la abuelita y la capucha roja era un agobio.
No esperó a que llegase el leñador, abrió como pudo su navaja multiusos.

EL DÍA EN QUE...Tarea 16.

EL DÍA EN QUE LOS RELOJES SE PARARON ... le sirvió a ella de referencia. Presurosa, procuraba no perder ni un solo momento, todos le eran necesarios para poner en marcha su nuevo proyecto. Iba de un pueblo a otro buscando artículos interesantes y a buen precio para su tiendita. En una gran superficie hizo, de paso, la compra y soltó todo de cualquier manera en la parte de atrás del coche. Ya en carretera y en plena curva sintió agarrotado el pedal de freno, una botella de agua había rodado hasta ponerse debajo. Se agachó a quitarla y al alzar la vista vio que se estampaba contra una pared de roca. Volantazo y... se fue monte abajo por un gran terraplén. Volcó el coche y ella quedó atrapada bajo el vehículo, su pie dolía oculto o... ¡seccionado! bajo la puerta abierta; había oido decir que las extremidades amputadas seguían enviando al cerebro las sensaciones de dolor. Percibió al instante un fuerte olor a gasolina y pudo, no sabía muy bien cómo, desconectar el motor. Notó algo viscoso en su frente y pensó: "¡Mis sesos están fuera!" No es posible: "¡Pienso... estoy pensando!"
Un campesino se acercó y se llevó las manos a la cabeza. Ella volvió a notar por su cabeza lo mismo que antes. Esta vez se dijo: "¡Estoy muerta, mi cabeza está abierta!" Al fin llegó la ayuda en forma de camioneros forzudos. Desde lo alto habían visto el accidente. Levantaron el coche y la llevaron con todo cuidado hasta uno de los camiones y luego al hospital más próximo.
Los sesos resultaron ser la carne picada que acababa de comprar y el susto morrocotudo se quedó en una anécdota que podría contar el día de mañana a sus nietos.
Los relojes anduvieron de nuevo para ella.

domingo, 8 de febrero de 2009

VOLANDO EN ROJO. TAREA 17 CUENTO BREVE

Eran mis películas preferidas. Aquel beso me alucinaba. Por eso elegí aquel misterioso castillo para el fin de semana y dejé la ventana abierta de par en par a la noche y a la luz de la luna. Por eso ante el batir de las inmensas alas me escabullí del abrazo de mi pareja dormida y ofrecí mi cuello desnudo ... con deleite.
ÁNGELA.

domingo, 25 de enero de 2009

ABUELA DE CRISTAL/ CUENTO 4 IMÁGENES

Tenía 7 años y se llamaba Alejandro.
Como un loco revolvía todos los rincones de su casa en busca de una caja… y es que tenía un problema. Su abuela jugaba mucho con él. Era muy divertida, pero aunque parezca extraño: no era como las demás abuelas de carne y hueso. Esta era DE CRISTAL. Muchas veces, en lo más emocionante de un juego, tropezaba o simplemente se caía y se rompía en pedazos.
Se le había roto la nariz, un brazo y luego el otro, una cosa que se llamaba pelvis… Los dedos de los pies sonaban como campanitas CLIC, CLAN, y… uno menos. El pobre Alejandro, preocupadísimo, buscaba soluciones. Una caja… quizás… para guardar los trocitos. No estaba convencido.
Se paró a reflexionar, observaba los trastos del desván y de repente se fijó en una escoba... ¡Su héroe! HARRY POTTER. Se acordó inmediatamente de él y de su magia y se puso a caballito sobre el mágico artefacto a ver que pasaba. NO SE ELEVABA, no levantó el vuelo, pero en su cabeza y como por hechizo empezaron a surgir en imágenes algunas ideas para ayudar a la pobre abuela.
A— Se le ocurrió protegerla con un gorro para los chichones y un cuerpo de cañas, un armazón. Le daría un reloj, para que SIEMPRE pensase en la hora del juego, esto era importantísimo.
B— Quizás mejor… con un cuerpo de paloma. En lugar de caer, volaría y no se haría daño...
C— Puede que se escapara y él no quería perderla ¿Y… un armazón grande en forma de castillo?
D— LO TENÍA: Se montaría sobre sus hombros y se irían juntos por los aires a recorrer mundo y sería tan divertido como siempre con ella. Escaparían.
ÁNGELA MAGAÑA

martes, 30 de diciembre de 2008

Cuento !00 palabras. CONCURSO

Al menos para las mujeres tiene mejor gusto…pensó y lo contempló con fruición ¿Qué tenía aquel hombre? Mimetismo verbal hecho realidad. Su nombre: CRISPÍN LÍPIDO Y SULFUROSO. La “y” la añadió, él mismo, cuando hizo las tarjetas de invitación. Los horribles cuadros colgaban de las paredes y un ramillete de jóvenes los contemplaba con cara de entender algo: o ¿Sólo se preguntaban si estaban colgados del revés?
Lo vio ir al salón con la más esplendorosa. Pensó: “van al sofá de cabeza”, no se inmutó. Ella: DULCE PLÁCIDA BENIGNA, era la elegida. Juntos eran pasión enloquecida, puro fuego…éxtasis.
ÁNGELA MAGAÑA.

viernes, 26 de diciembre de 2008

TIEMPO DE PAZ

El año pasado la Navidad nos dejó agotados y tristes. Nos dimos cuenta de que la mentalidad que nos llevaba a reunirnos por narices, aunque fuera forzando las cosas, era errónea. Yendo mentalmente más lejos, a años atrás, observé que el mero hecho de : “Volver a casa por Navidad” impuesto, servía para que los nerviecillos estuvieran a flor de piel y a que nadie estuviera verdaderamente cómodo.
Este año tomamos una decisión heróica y sin enfadarnos dijimos que nos quedábamos en Motril y en casa y que él que quisiese y pudiese acudir sería bien recibido. Mi hermana por ejemplo confesó que estaba cansada y quería estar sola. Yo me recriminé la tontería de no haberlo notado y me dije: “Soy tonta, por ahí debíamos haber empezado”
Analizando, atando cabos y repasando comentarios de unos y otros llego a la conclusión de que no sólo mi hermana sino más gente desea eso: Estar solos y que no sean días de felicidad compulsiva y forzosa: Hágase la Paz: Eso es lo que prima. Más de una horrorizada ama de casa, ve impotente lo que se le viene encima. Los demás también: Se ven obligados a hacer viajes largos y costosos que en el fondo son eso: UNA PENOSA OBLIGACIÓN.
Yo tuve un padre que siempre insistía en que no nos dejásemos llevar y en que decidiésemos por nosotros mismos, en cada ocasión. He tenido que llegar a los 65 diciembres para constatar que no es obligatorio armar la marimorena. Este año me he sentido mucho más en amor y concordia con los demás, estando lejos pero muy en contacto por teléfono o Internet (con esas hermosas cámaras que permiten que nos veamos los unos a los otros) que otros años juntos y revueltos. Creo que cuando las reuniones podamos hacerlas en MI casa y con los que, de verdad, deseen venir todo irá mejor. Eso de ser la madre conlleva algo más de paciencia y desde luego buena voluntad. Así es que él que QUIERA DE VERDAD venir el año que viene será bienvenido, siempre SIN FORZAR LAS COSAS.
Este año hubiese sido literalmente imposible, por la distribución geográfica de unos y otros. Hemos estado solos y ante el comentario un par de cansadas amigas me han dicho: “¡Qué envidia!”
Cada año viene distinto y punto y éste ha tocado solos mi marido y yo en un “tête à tête” muy cordial, hasta ahora desconocido en estas fechas. Hemos estado tranquilitos… un poco demasiado pero: ¿Qué se le va a hacer? El balance final ha sido bueno.
Con los amigos también hemos pasado buenos momentos. Hemos descubierto nuevos valores y nos ha gustado.
¡QUE SEAN VDS. FELICES SIEMPRE: NAVIDAD Y CADA DÍA DEL AÑO!

sábado, 6 de diciembre de 2008

TAREA 10: ESPACIOS

MORADA DE MIS INQUIETUDES
En un sueño de mi infancia, que se repetía con frecuencia, me veía a mí misma cruzando espacios de la casa de mis padres (la mía en aquel tiempo).
Tendría yo: diez o doce años y supongo que estaría aprendiendo a nadar. Avanzaba dando brazadas por el aire, flotando con lentitud.
A la vez que se iniciaba mi pubertad, mi diabetes acababa de hacer su aparición, con los trastornos y preocupaciones que eso conllevaba. Mis padres debían estar, aunque no lo decían, muy asustados y yo empecé a dormir mal y a tener sueños que me alteraban.
Mi existencia onírica se sumía en una especie de morada extraña. Las paredes no eran lisas, grandes picos surgían en el lugar más inesperado y yo para no trastabillar de un sitio a otro nadaba, en lugar de andar. Así sorteaba mejor los obstáculos de mi vivir de aquel entonces, pleno de inquietudes, cambios e inseguridades.

viernes, 5 de diciembre de 2008

INMORTALIDAD

INMORTALIDAD

La gente buena se muere, todos lo hemos podido observar en nuestra vida cotidiana.
Siempre el más querido es el primero en caer. En mi familia, el adorado por todos, mi padre, murió el primero.
Siempre pasa. Son los buenos los que se van. Por el contrario, todos también, conocemos gentes solitarias que no gozan de afecto ninguno y gozan del codiciado don de la inmortalidad… o lo parece.
Esos seres que son tan desgraciados que uno piensa: ¿los echará alguien de menos el día de mañana?
No sabemos de amores y desamores, ni de valores tampoco. Quizás sea, simplemente, que nuestro Dios, destino, sino…o cómo se llame, vaya mucho más lejos que nuestros miserables pensamientos.