Tarea 25
LA FUERZA DEL DESTINO
Ajena a la tormenta que se cernía sobre el pueblo, la familia desarrollaba sus tareas cotidianas. El joven padre en la planta baja cuidaba (creía él) sólo de los dos niños mayores y se ocupaba a la vez de la pequeña tienda de comestibles.
El bebé, que era el tercero, dormía en la cuna sin hacerse notar. Lo tiene la madre con ella, pensaba el padre.
En el altillo de la casa la mujer separaba las peras que estaban en su punto de venta, de las muy duras. Tranquila: los niños, abajo con mi marido están bien (pensaba). Un terrible trueno los sacó de su despreocupación. Como solía ocurrir las montañas que rodeaban la pequeña ciudad vertían el agua de lluvia en las calles que como torrentes amenazaban con inundar su vivienda. Siempre lo evitaban poniendo un alto tope de madera encajado en la puerta de entrada.
Esta vez estaban desprevenidos. No había tiempo; sólo coger a los niños y ponerse a salvo en la bohardilla, con la madre que ya estaba allí. El pequeño quedó en la cuna.
Cuando quisieron darse cuenta flotaba en ella como otro Moisés.
Tal fue el susto que no hubo ni reproches ni quejas por los destrozos causados por el agua. Todos a salvo; eso era lo importante.
Todo parecía haber pasado… se tranquilizaban otra vez. Lo que ocurrió después ni había ocurrido antes, ni lo esperaban: Fragor inmenso… ¿Qué ocurría ahora?
Esta vez la presa había estallado. Uno de los muros no había resistido el envite de las aguas descontroladas por una fuerza inconmensurable
Esta vez todo salió inundado, todos perdidos: Los niños ¿Dónde estaban? La casa parecía un gran torbellino. Sola la madre sostenía al más pequeño que había recuperado poco antes de la cuna flotante. En sus brazos el bebé y en su cabeza el miedo intenso que la atenazaba…
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sábado, 9 de mayo de 2009
jueves, 2 de abril de 2009
GENTE FAMOSA. TAREA 23
No olvidaba que había nacido en una granja y que en sus años mozos había tenido que cuidar cerdos y otros animales.
Ahora decían de ella que era el animal más bello del mundo. Su labia dejaba mucho que desear y también su forma de actuar; nadie lo notaba.
Llegó a España para rodar en Cataluña (en Tossa) una película con Mario Cabré. Nuestro país y la apasionada forma de vivir de la gente del mundo del toro la arrastró y una noche (sólo una, aseguraba ella) de copas y farra despertó en la cama con su torero: Mario Cabré.
Él tenía una personalidad compleja y ante tan monumental mujer le salió la vena poética y se dedicó a escribirle sonetos.
A Ava después de un matrimonio corto y desastroso con Mickey Rooney aquello le causaba una gran impresión; anhelante como estaba de ternura y admiración.
Cuando todo esto llegó a los oídos del hombre con el que estaba comprometida, Frank Sinatra, la reacción fue inmediata. Abandonó todo, viajó a España, e irrumpió bruscamente en el plató donde estaban rodando.
“Mientes” dijo ella en un principio;” No ha habido nada entre nosotros, somos compañeros de rodaje. Tú eres muy mal pensado”. Siguió: “Tú todavía tienes esposa y dices que te vas a divorciar pero nunca llega el momento”
La respuesta fue digna de aquellos tiempos en el que el hombre “era muy hombre”. Debió pensar, con música y todo “Esto lo arreglo yo: a mi manera” y bofetada que le soltó.
Tierna y apesadumbrada se le acercó llorando y le besó sumisamente.
Después, mientras él atendía a sus admiradores, la acongojada Ava se retiró a su camerino a intentar recomponer su maquillaje y sus enrojecidos ojos.
El torero la siguió y en un abrazo de despedida le susurró al oído: “Muchas heridas y revolcones he tenido que sobrellevar. Si tú me dejas por ese gángster, mi dolor será mayor que el que me hubiese hecho un miura. Lo nuestro no ha sido un simple revolcón; no he conocido a nadie como tú; ha sido algo sublime, eres única y si lo deseas siempre lucharé por mantenerte a mi lado.
Todos sabemos a quien eligió… Yo que soy muy mala sitúo un pensamiento en su cabeza preciosa de diosa adorada. “Que me quiten lo bailado”
ÁNGELA MAGAÑA.
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Ahora decían de ella que era el animal más bello del mundo. Su labia dejaba mucho que desear y también su forma de actuar; nadie lo notaba.
Llegó a España para rodar en Cataluña (en Tossa) una película con Mario Cabré. Nuestro país y la apasionada forma de vivir de la gente del mundo del toro la arrastró y una noche (sólo una, aseguraba ella) de copas y farra despertó en la cama con su torero: Mario Cabré.
Él tenía una personalidad compleja y ante tan monumental mujer le salió la vena poética y se dedicó a escribirle sonetos.
A Ava después de un matrimonio corto y desastroso con Mickey Rooney aquello le causaba una gran impresión; anhelante como estaba de ternura y admiración.
Cuando todo esto llegó a los oídos del hombre con el que estaba comprometida, Frank Sinatra, la reacción fue inmediata. Abandonó todo, viajó a España, e irrumpió bruscamente en el plató donde estaban rodando.
“Mientes” dijo ella en un principio;” No ha habido nada entre nosotros, somos compañeros de rodaje. Tú eres muy mal pensado”. Siguió: “Tú todavía tienes esposa y dices que te vas a divorciar pero nunca llega el momento”
La respuesta fue digna de aquellos tiempos en el que el hombre “era muy hombre”. Debió pensar, con música y todo “Esto lo arreglo yo: a mi manera” y bofetada que le soltó.
Tierna y apesadumbrada se le acercó llorando y le besó sumisamente.
Después, mientras él atendía a sus admiradores, la acongojada Ava se retiró a su camerino a intentar recomponer su maquillaje y sus enrojecidos ojos.
El torero la siguió y en un abrazo de despedida le susurró al oído: “Muchas heridas y revolcones he tenido que sobrellevar. Si tú me dejas por ese gángster, mi dolor será mayor que el que me hubiese hecho un miura. Lo nuestro no ha sido un simple revolcón; no he conocido a nadie como tú; ha sido algo sublime, eres única y si lo deseas siempre lucharé por mantenerte a mi lado.
Todos sabemos a quien eligió… Yo que soy muy mala sitúo un pensamiento en su cabeza preciosa de diosa adorada. “Que me quiten lo bailado”
ÁNGELA MAGAÑA.
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viernes, 27 de marzo de 2009
EL RASTRO. TAREA 22
EN EL “RASTRO”
Corría el año 1950. Mi padre me llevaba de la mano e íbamos contemplando ese mundo sumamente pintoresco e inmenso llamado “Rastro”.
Un hombrecillo escuálido paseaba lentamente mirando los mil artículos esparcidos por el suelo sobre mustios tapices. De todo había allí: gafas (más o menos enteras), ropas viejas, zapatos (a veces desparejados) y bibelots varios.
Hombrecillo: Interrumpí súbitamente mi paseo y quedé clavado frente a un montón de dentaduras viejas.” Eso es justamente lo que me está haciendo falta”; pensé. Sin dudarlo, me las fui llevando a la boca y empecé a probármelas. Encontré la que, más o menos, me convenía y eché mano al bolsillo. Después de mucho rebuscar conseguí encontrar una moneda y pagué.
Un viandante que me miraba atónito dijo: ¿Podrá Vd. comer con eso? A lo que contesté: “Sí, si consigo algo a lo que hincar el diente”
Mi padre: Era un domingo cualquiera, por la mañana. Llevaba a la niña de la mano y contemplábamos las mil curiosidades que siempre pueden verse en el “Rastro”. Sobre una simple manta en el suelo, unas dentaduras usadas ofrecían un aspecto cochambroso. Un pobre desdentado, un desgraciado, se agachó y empezó a probárselas: una tras otra. Pareció que una le convenía. Sacó una moneda del bolsillo y pagó. Se marchaba ya, cuando alguien le dijo: “¿Va Vd. a poder comer con eso?” A lo que él contestó: “Sí, si consigo algo a lo que hincar el diente”
La niña que yo era en 1950: ¡Qué marranada, me muero de asco!
El vendedor: "He conseguido colocar una"
ÁNGELA
Corría el año 1950. Mi padre me llevaba de la mano e íbamos contemplando ese mundo sumamente pintoresco e inmenso llamado “Rastro”.
Un hombrecillo escuálido paseaba lentamente mirando los mil artículos esparcidos por el suelo sobre mustios tapices. De todo había allí: gafas (más o menos enteras), ropas viejas, zapatos (a veces desparejados) y bibelots varios.
Hombrecillo: Interrumpí súbitamente mi paseo y quedé clavado frente a un montón de dentaduras viejas.” Eso es justamente lo que me está haciendo falta”; pensé. Sin dudarlo, me las fui llevando a la boca y empecé a probármelas. Encontré la que, más o menos, me convenía y eché mano al bolsillo. Después de mucho rebuscar conseguí encontrar una moneda y pagué.
Un viandante que me miraba atónito dijo: ¿Podrá Vd. comer con eso? A lo que contesté: “Sí, si consigo algo a lo que hincar el diente”
Mi padre: Era un domingo cualquiera, por la mañana. Llevaba a la niña de la mano y contemplábamos las mil curiosidades que siempre pueden verse en el “Rastro”. Sobre una simple manta en el suelo, unas dentaduras usadas ofrecían un aspecto cochambroso. Un pobre desdentado, un desgraciado, se agachó y empezó a probárselas: una tras otra. Pareció que una le convenía. Sacó una moneda del bolsillo y pagó. Se marchaba ya, cuando alguien le dijo: “¿Va Vd. a poder comer con eso?” A lo que él contestó: “Sí, si consigo algo a lo que hincar el diente”
La niña que yo era en 1950: ¡Qué marranada, me muero de asco!
El vendedor: "He conseguido colocar una"
ÁNGELA
lunes, 23 de marzo de 2009
TAREA 21. DIVAGACIONES
La conquista del Oeste.
Ayer sin ir más lejos emprendí yo la mía.
Me dirigí a Jerez como los antiguos pioneros iban a tierras remotas, allende los mares, dispuestos a luchar con lo que se les pusiese por delante.
De Motril a Granada: primera etapa ¡autobús que te crió! De allí a Sevilla en tren (preferí no hacer escala en Dos Hermanas, porque creo que suele haber indios) y como tercera y última fase del viajecito: Sevilla/ Jerez. Amante era ella del camino de hierro y osó afrontar cualquier peligro. Tú, en cualquier caso, después de tratar con el hechicero que más hechizaba de los allí presentes, conseguiste conservar tu cabellera intacta. No te la arrancaron. Yo lo más que logré fue llegar con muy malos pelos.
Termino este desatino propio de mi diarrea mental actual y sin saber si he conseguido hacer la tarea 21 en la que se pretendía conseguir un protagonista errático, confuso y difuso. Como narrador protagonista: la confusa, errática, difusa e imprecisa he resultado ser yo/ tú misma o acaso ella misma. No lo se, no tengo ni idea.
Sólo se que él (no me gusta señalar) dirá: "ESTO NO ES UN CUENTO" y yo reconoceré humildemente que Caperucita Roja estaba en lo cierto cuando decía que el auténtico problema del lobo era el hambre atrasado, debido a la crisis y demás...
Vds. perdonen: no lo haré más. Ángela
Ayer sin ir más lejos emprendí yo la mía.
Me dirigí a Jerez como los antiguos pioneros iban a tierras remotas, allende los mares, dispuestos a luchar con lo que se les pusiese por delante.
De Motril a Granada: primera etapa ¡autobús que te crió! De allí a Sevilla en tren (preferí no hacer escala en Dos Hermanas, porque creo que suele haber indios) y como tercera y última fase del viajecito: Sevilla/ Jerez. Amante era ella del camino de hierro y osó afrontar cualquier peligro. Tú, en cualquier caso, después de tratar con el hechicero que más hechizaba de los allí presentes, conseguiste conservar tu cabellera intacta. No te la arrancaron. Yo lo más que logré fue llegar con muy malos pelos.
Termino este desatino propio de mi diarrea mental actual y sin saber si he conseguido hacer la tarea 21 en la que se pretendía conseguir un protagonista errático, confuso y difuso. Como narrador protagonista: la confusa, errática, difusa e imprecisa he resultado ser yo/ tú misma o acaso ella misma. No lo se, no tengo ni idea.
Sólo se que él (no me gusta señalar) dirá: "ESTO NO ES UN CUENTO" y yo reconoceré humildemente que Caperucita Roja estaba en lo cierto cuando decía que el auténtico problema del lobo era el hambre atrasado, debido a la crisis y demás...
Vds. perdonen: no lo haré más. Ángela
viernes, 13 de marzo de 2009
TAREA 20: DEMASIADO INOCENTE
Creo que mi madre lo estaba viendo venir pero, a mis 11 años, no me había puesto todavía en antecedentes. Demasiado pronto, pensaba. Eran otros tiempos.
Me llegó el momento y al descubrirlo, horrorizada, creí que mi final había llegado.
Me preguntaba: "¿Qué me pasa?" y la respuesta era:"Debo estar muy enferma" No sólo era temor, la vergüenza era casi igual de intensa.
Muy cerca, en el cuarto de estar, mi hermano cuyas bromitas me perseguían, estaba con mi madre. ¿Cómo iba yo a decir delante de él lo que me pasaba?
Por fin me decidí y salí. Lloraba y llevaba la ropa colgando: "¡Mamá!"
Pero nadie me tomó el pelo aquella vez.
Mi madre me calmó y me explicó. Mi hermano mayor se limitó a revolverme el pelo cariñosamente.
Me llegó el momento y al descubrirlo, horrorizada, creí que mi final había llegado.
Me preguntaba: "¿Qué me pasa?" y la respuesta era:"Debo estar muy enferma" No sólo era temor, la vergüenza era casi igual de intensa.
Muy cerca, en el cuarto de estar, mi hermano cuyas bromitas me perseguían, estaba con mi madre. ¿Cómo iba yo a decir delante de él lo que me pasaba?
Por fin me decidí y salí. Lloraba y llevaba la ropa colgando: "¡Mamá!"
Pero nadie me tomó el pelo aquella vez.
Mi madre me calmó y me explicó. Mi hermano mayor se limitó a revolverme el pelo cariñosamente.
TAREA 20: UNA MIRADA DE TUS OJOS
UNA MIRADA DE TUS OJOS.
Yo era todavía una niña, pero quizá… empezaba a dejar de serlo. La rutina de ir, cada día al colegio, en el autobús se convertía en una oleada de emociones inusitada. ¿Qué estaba yo descubriendo? Descubría, y… lo percibo ahora que el tiempo ha pasado, el despertar de mi sexualidad.
Coincidíamos a diario y todo consistía en devolver y mantener la mirada de unos ojos morenos y grandes, los de un desconocido muchacho que sólo debía ser un par de años mayor que yo ¡Qué intensidad de sensaciones despertaba en mi cuerpecito serrano ese pequeño intercambio amoroso! ¿Quién lo hubiese imaginado? Era algo que me hacía flotar y me hacía pensar que yo, no era yo. Nunca he olvidado aquellos ojos negros de mirada serena (como en la canción) y me pregunto si no fue aquel, sin yo saberlo, mi primer y desconocido amor.
Yo era todavía una niña, pero quizá… empezaba a dejar de serlo. La rutina de ir, cada día al colegio, en el autobús se convertía en una oleada de emociones inusitada. ¿Qué estaba yo descubriendo? Descubría, y… lo percibo ahora que el tiempo ha pasado, el despertar de mi sexualidad.
Coincidíamos a diario y todo consistía en devolver y mantener la mirada de unos ojos morenos y grandes, los de un desconocido muchacho que sólo debía ser un par de años mayor que yo ¡Qué intensidad de sensaciones despertaba en mi cuerpecito serrano ese pequeño intercambio amoroso! ¿Quién lo hubiese imaginado? Era algo que me hacía flotar y me hacía pensar que yo, no era yo. Nunca he olvidado aquellos ojos negros de mirada serena (como en la canción) y me pregunto si no fue aquel, sin yo saberlo, mi primer y desconocido amor.
sábado, 7 de marzo de 2009
TAREA 19.
Tarea 19
Inundación
La abuela Ángela, enferma, se limitaba a pasear lentamente por la primera planta de la casa familiar apoyándose en los muebles, solía llevar un rosario entre los dedos pero, aún impedida como estaba, seguía siendo el alma de la familia y llevando las riendas de todo.
Era verano y los nietos que estaban allí irían al cine a las seis de la tarde.
El pueblo rodeado de montañas era el receptáculo de todas las aguas de lluvia que caían a borbotones cuando se desataba alguna tormenta. El pueblo y el río que lo atravesaba.
A las cuatro a través de los cristales de la galería que daba a la vega vio el cielo oscurecerse cubierto de negrísimas y apretadas nubes.
Movió los labios y entre sus dedos deslizó una cuenta más de su rosario.
Los mayores ponían en las puertas de las casas “paraeras” de madera bien ajustadas para impedir la entrada del agua.
Los niños ajenos al peligro, esperaban la hora del cine como un gran acontecimiento. No había llegado todavía el momento.
La anciana señora observaba el ajetreo del pueblo a través de los cristales.
Llamó a los chiquillos y los reunió a su alrededor para entretenerlos.
El cielo se abrió de repente y el pueblo se vio sumergido en un torbellino de aguas que caía y en las del río que subían llevándolo por delante.
Desde la galería, otra vez, vieron cómo se derrumbaba la pared de una casita más cercana al río. Toda la fachada cayó y quedó dentro una especie de casa que de lejos parecía de muñecas con sus camas y sus muebles a la vista.
La peor parte se la llevó el local del cine, que se convirtió en un amasijo de barro y sillas, las del público, amontonadas ante la puerta única de la salida. La marca del agua estaba a casi tres metros de altura. Eran las 5,30 horas de la tarde.
Cuando al día siguiente supieron los detalles, la abuela Ángela apretó con más fuerza el rosario entre sus dedos.
Inundación
La abuela Ángela, enferma, se limitaba a pasear lentamente por la primera planta de la casa familiar apoyándose en los muebles, solía llevar un rosario entre los dedos pero, aún impedida como estaba, seguía siendo el alma de la familia y llevando las riendas de todo.
Era verano y los nietos que estaban allí irían al cine a las seis de la tarde.
El pueblo rodeado de montañas era el receptáculo de todas las aguas de lluvia que caían a borbotones cuando se desataba alguna tormenta. El pueblo y el río que lo atravesaba.
A las cuatro a través de los cristales de la galería que daba a la vega vio el cielo oscurecerse cubierto de negrísimas y apretadas nubes.
Movió los labios y entre sus dedos deslizó una cuenta más de su rosario.
Los mayores ponían en las puertas de las casas “paraeras” de madera bien ajustadas para impedir la entrada del agua.
Los niños ajenos al peligro, esperaban la hora del cine como un gran acontecimiento. No había llegado todavía el momento.
La anciana señora observaba el ajetreo del pueblo a través de los cristales.
Llamó a los chiquillos y los reunió a su alrededor para entretenerlos.
El cielo se abrió de repente y el pueblo se vio sumergido en un torbellino de aguas que caía y en las del río que subían llevándolo por delante.
Desde la galería, otra vez, vieron cómo se derrumbaba la pared de una casita más cercana al río. Toda la fachada cayó y quedó dentro una especie de casa que de lejos parecía de muñecas con sus camas y sus muebles a la vista.
La peor parte se la llevó el local del cine, que se convirtió en un amasijo de barro y sillas, las del público, amontonadas ante la puerta única de la salida. La marca del agua estaba a casi tres metros de altura. Eran las 5,30 horas de la tarde.
Cuando al día siguiente supieron los detalles, la abuela Ángela apretó con más fuerza el rosario entre sus dedos.
miércoles, 4 de marzo de 2009
TAREA 18. ALGO MUY TRISTE
El 4 de marzo de 2009 18:00, angela-zucar escribió y corrigió:
TAREA 18. NARRADOR OMNISCIENTE. (corregido)
Murió el 16 de junio de 1964, habían pasado sólo unas horas.
Podía ver a su familia que, sumida en una gran congoja, velaba su féretro y esperaba a la hija. Era la más joven, estaba embarazada y debido a ello y a la rapidez vertiginosa de la enfermedad del padre y del desenlace (evidente sólo para él), nadie le había dicho nada; no se habían atrevido. Esperaban ahora su llegada.
El portal tenía un batiente cerrado, todos sabían lo que significaba. La mesita cubierta con un crespón negro y con el cuaderno de condolencias abierto, estaba preparada.
Salió la joven del coche y al ver el panorama se vino abajo.
¡No era verdad que estuviese sólo enfermo… !
Al entrar en la habitación donde él yacía, ignorante hasta entonces de la cruda verdad de la muerte, intentó cogerle la mano para besarla; no pudo: estaba rígida y fría.
Él la vio y pudo sentir por última vez el calor de su hija, su amor y también su dolor.
Pero él ya no sufría.
TAREA 18. NARRADOR OMNISCIENTE. (corregido)
Murió el 16 de junio de 1964, habían pasado sólo unas horas.
Podía ver a su familia que, sumida en una gran congoja, velaba su féretro y esperaba a la hija. Era la más joven, estaba embarazada y debido a ello y a la rapidez vertiginosa de la enfermedad del padre y del desenlace (evidente sólo para él), nadie le había dicho nada; no se habían atrevido. Esperaban ahora su llegada.
El portal tenía un batiente cerrado, todos sabían lo que significaba. La mesita cubierta con un crespón negro y con el cuaderno de condolencias abierto, estaba preparada.
Salió la joven del coche y al ver el panorama se vino abajo.
¡No era verdad que estuviese sólo enfermo… !
Al entrar en la habitación donde él yacía, ignorante hasta entonces de la cruda verdad de la muerte, intentó cogerle la mano para besarla; no pudo: estaba rígida y fría.
Él la vio y pudo sentir por última vez el calor de su hija, su amor y también su dolor.
Pero él ya no sufría.
viernes, 20 de febrero de 2009
TAREA 18
TAREA 18. NARRADOR OMNISCIENTE.
El portal sólo estaba abierto en su mitad. Una vez dentro la mesita con un libro de condolencias abierto con un bolígrafo encima, esperaba la firma de los que iban llegando.
Él, que ahora podía verlo todo, percibió cómo salían del coche, derrotados por el largo viaje y la preocupación. El embarazo de ella era evidente ahora. Subió a la casa, los demás salieron a recibirlos entre doloridos abrazos.
Ella nunca, nunca, nunca… había tenido contacto con la muerte y menos aún la de alguien tan cercano. Nadie la había puesto en antecedentes. No se habían atrevido por su estado. Sin ser consciente apenas de lo que hacía, entró en el cuarto donde él yacía en el féretro abierto. Ella que le creía enfermo…
Acostumbrada a sus manos calientes y queridas se acercó para cogerle una y llevársela a los labios, pero estaba fría, fría y rígida…”Papá” dijo en un lamento y empezó a comprender. La realidad se impuso, terrible.
Pero no todo cayó en el vacío… Le llegó, a él, el beso y el dolor de la hija.
El portal sólo estaba abierto en su mitad. Una vez dentro la mesita con un libro de condolencias abierto con un bolígrafo encima, esperaba la firma de los que iban llegando.
Él, que ahora podía verlo todo, percibió cómo salían del coche, derrotados por el largo viaje y la preocupación. El embarazo de ella era evidente ahora. Subió a la casa, los demás salieron a recibirlos entre doloridos abrazos.
Ella nunca, nunca, nunca… había tenido contacto con la muerte y menos aún la de alguien tan cercano. Nadie la había puesto en antecedentes. No se habían atrevido por su estado. Sin ser consciente apenas de lo que hacía, entró en el cuarto donde él yacía en el féretro abierto. Ella que le creía enfermo…
Acostumbrada a sus manos calientes y queridas se acercó para cogerle una y llevársela a los labios, pero estaba fría, fría y rígida…”Papá” dijo en un lamento y empezó a comprender. La realidad se impuso, terrible.
Pero no todo cayó en el vacío… Le llegó, a él, el beso y el dolor de la hija.
domingo, 15 de febrero de 2009
EL DÍA EN QUE...Tarea 16.
EL DÍA EN QUE LOS RELOJES SE PARARON ... le sirvió a ella de referencia. Presurosa, procuraba no perder ni un solo momento, todos le eran necesarios para poner en marcha su nuevo proyecto. Iba de un pueblo a otro buscando artículos interesantes y a buen precio para su tiendita. En una gran superficie hizo, de paso, la compra y soltó todo de cualquier manera en la parte de atrás del coche. Ya en carretera y en plena curva sintió agarrotado el pedal de freno, una botella de agua había rodado hasta ponerse debajo. Se agachó a quitarla y al alzar la vista vio que se estampaba contra una pared de roca. Volantazo y... se fue monte abajo por un gran terraplén. Volcó el coche y ella quedó atrapada bajo el vehículo, su pie dolía oculto o... ¡seccionado! bajo la puerta abierta; había oido decir que las extremidades amputadas seguían enviando al cerebro las sensaciones de dolor. Percibió al instante un fuerte olor a gasolina y pudo, no sabía muy bien cómo, desconectar el motor. Notó algo viscoso en su frente y pensó: "¡Mis sesos están fuera!" No es posible: "¡Pienso... estoy pensando!"
Un campesino se acercó y se llevó las manos a la cabeza. Ella volvió a notar por su cabeza lo mismo que antes. Esta vez se dijo: "¡Estoy muerta, mi cabeza está abierta!" Al fin llegó la ayuda en forma de camioneros forzudos. Desde lo alto habían visto el accidente. Levantaron el coche y la llevaron con todo cuidado hasta uno de los camiones y luego al hospital más próximo.
Los sesos resultaron ser la carne picada que acababa de comprar y el susto morrocotudo se quedó en una anécdota que podría contar el día de mañana a sus nietos.
Los relojes anduvieron de nuevo para ella.
Un campesino se acercó y se llevó las manos a la cabeza. Ella volvió a notar por su cabeza lo mismo que antes. Esta vez se dijo: "¡Estoy muerta, mi cabeza está abierta!" Al fin llegó la ayuda en forma de camioneros forzudos. Desde lo alto habían visto el accidente. Levantaron el coche y la llevaron con todo cuidado hasta uno de los camiones y luego al hospital más próximo.
Los sesos resultaron ser la carne picada que acababa de comprar y el susto morrocotudo se quedó en una anécdota que podría contar el día de mañana a sus nietos.
Los relojes anduvieron de nuevo para ella.
domingo, 8 de febrero de 2009
VOLANDO EN ROJO. TAREA 17 CUENTO BREVE
Eran mis películas preferidas. Aquel beso me alucinaba. Por eso elegí aquel misterioso castillo para el fin de semana y dejé la ventana abierta de par en par a la noche y a la luz de la luna. Por eso ante el batir de las inmensas alas me escabullí del abrazo de mi pareja dormida y ofrecí mi cuello desnudo ... con deleite.
ÁNGELA.
ÁNGELA.
sábado, 6 de diciembre de 2008
TAREA 10: ESPACIOS
MORADA DE MIS INQUIETUDES
En un sueño de mi infancia, que se repetía con frecuencia, me veía a mí misma cruzando espacios de la casa de mis padres (la mía en aquel tiempo).
Tendría yo: diez o doce años y supongo que estaría aprendiendo a nadar. Avanzaba dando brazadas por el aire, flotando con lentitud.
A la vez que se iniciaba mi pubertad, mi diabetes acababa de hacer su aparición, con los trastornos y preocupaciones que eso conllevaba. Mis padres debían estar, aunque no lo decían, muy asustados y yo empecé a dormir mal y a tener sueños que me alteraban.
Mi existencia onírica se sumía en una especie de morada extraña. Las paredes no eran lisas, grandes picos surgían en el lugar más inesperado y yo para no trastabillar de un sitio a otro nadaba, en lugar de andar. Así sorteaba mejor los obstáculos de mi vivir de aquel entonces, pleno de inquietudes, cambios e inseguridades.
En un sueño de mi infancia, que se repetía con frecuencia, me veía a mí misma cruzando espacios de la casa de mis padres (la mía en aquel tiempo).
Tendría yo: diez o doce años y supongo que estaría aprendiendo a nadar. Avanzaba dando brazadas por el aire, flotando con lentitud.
A la vez que se iniciaba mi pubertad, mi diabetes acababa de hacer su aparición, con los trastornos y preocupaciones que eso conllevaba. Mis padres debían estar, aunque no lo decían, muy asustados y yo empecé a dormir mal y a tener sueños que me alteraban.
Mi existencia onírica se sumía en una especie de morada extraña. Las paredes no eran lisas, grandes picos surgían en el lugar más inesperado y yo para no trastabillar de un sitio a otro nadaba, en lugar de andar. Así sorteaba mejor los obstáculos de mi vivir de aquel entonces, pleno de inquietudes, cambios e inseguridades.
sábado, 29 de noviembre de 2008
Tarea 8: REPROCHE AMOROSO
Que es soledad, pienso mientras clavas en la pantalla
tu mirada azul. Nadie escucha mi voz
Mutismo...del deporte enamorado.
¡Asiduidad, fijación! Eso es fidelidad, admiración, amor
Ociosa la pregunta. Soledad...soy yo
tu mirada azul. Nadie escucha mi voz
Mutismo...del deporte enamorado.
¡Asiduidad, fijación! Eso es fidelidad, admiración, amor
Ociosa la pregunta. Soledad...soy yo
domingo, 18 de mayo de 2008
ESAS ESES
Sus ojos oscuros de mirar sedoso, resaltaban fulgurantes en su carita morena. Oscurito era el bebé y su piel suave en su resplandeciente semblante. Los visitantes se aproximaban a su cuna y su simpatía se hacía patente. Solo como estaba, en aquel hospital y tan chiquitín como era, escasos eran los que pasaban de largo.
Domingo de Pascua… alguien le dio un huevo de chocolate. Su sonrisa se amplió y su manita estrechó el regalo amorosamente. Sus visitantes se fueron, dejando al niño solo, con su pijama amarillo y el huevo de Pascua en la mano. Muy morenito de piel y de ojos negros, pijama amarillo.
Pasaron unos instantes y el panorama cambió. El pijama y el bebé eran, ahora, del mismo color: marrones. El huevo había desaparecido y la sonrisa del niño era, si cabe, todavía más contagiosa. Los ojos los mismos, grandes blancos con fondo negro suave.
Domingo de Pascua… alguien le dio un huevo de chocolate. Su sonrisa se amplió y su manita estrechó el regalo amorosamente. Sus visitantes se fueron, dejando al niño solo, con su pijama amarillo y el huevo de Pascua en la mano. Muy morenito de piel y de ojos negros, pijama amarillo.
Pasaron unos instantes y el panorama cambió. El pijama y el bebé eran, ahora, del mismo color: marrones. El huevo había desaparecido y la sonrisa del niño era, si cabe, todavía más contagiosa. Los ojos los mismos, grandes blancos con fondo negro suave.
miércoles, 14 de mayo de 2008
COMPOST
Una cosa se iba haciendo patente, con los años. Sus emociones eran cada día más y más incontrolables. Ella, nunca había sido de lágrima fácil. Él, un poco más. Todos, en casa le tomaban el pelo, cuando veían su emoción aparecer inoportuna cuando Heidy, por ejemplo, se separaba de su abuelito. (Reconozcamos, que daba mucha pena).
Ella tenía cierta tendencia a analizar. No hacía caso de la sabía enseñanza de CONFUCIO cuando decía: Si quieres ser feliz, como me dices: No analices ¡idiota!, no analices. Constataba, que en realidad, las emociones estaban estrechamente ligadas al momento y a las circunstancias. En cierta ocasión, por ejemplo, cuando ella tenía diez y seis años y él se acababa de marchar, lejos, a incorporarse a su primer trabajo...Fue entonces, separados como estaban, cuando ella vio aquella película: ROMEO Y JULIETA en las TINIEBLAS. Él nazi, ella judía, jovencitos los dos. En la dichosa película y justo un momento antes de encender la luz: a él, lo matan. En el cine estaba ella con sus dos hermanas mayores, despiadadas en sus tomaduras de pelo. Aguantó como pudo, pero ya por el pasillo empezó a llorar, no suavemente, a “hipíos”y cuando todo el mundo iba haciéndose paso, despacito, hacia la salida. Cogió ella entonces, el pañuelo que un desconocido señor le ofreció y escondió su cara llorosa en él, como pudo ¡Qué vergüenza!
Estas y otras son las vivencias, supongo, que van conformando nuestro particular compost, del que nuestro maestro dice que hemos de extraer la deseada inspiración.
Ángela Magaña
Ella tenía cierta tendencia a analizar. No hacía caso de la sabía enseñanza de CONFUCIO cuando decía: Si quieres ser feliz, como me dices: No analices ¡idiota!, no analices. Constataba, que en realidad, las emociones estaban estrechamente ligadas al momento y a las circunstancias. En cierta ocasión, por ejemplo, cuando ella tenía diez y seis años y él se acababa de marchar, lejos, a incorporarse a su primer trabajo...Fue entonces, separados como estaban, cuando ella vio aquella película: ROMEO Y JULIETA en las TINIEBLAS. Él nazi, ella judía, jovencitos los dos. En la dichosa película y justo un momento antes de encender la luz: a él, lo matan. En el cine estaba ella con sus dos hermanas mayores, despiadadas en sus tomaduras de pelo. Aguantó como pudo, pero ya por el pasillo empezó a llorar, no suavemente, a “hipíos”y cuando todo el mundo iba haciéndose paso, despacito, hacia la salida. Cogió ella entonces, el pañuelo que un desconocido señor le ofreció y escondió su cara llorosa en él, como pudo ¡Qué vergüenza!
Estas y otras son las vivencias, supongo, que van conformando nuestro particular compost, del que nuestro maestro dice que hemos de extraer la deseada inspiración.
Ángela Magaña
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