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martes, 26 de enero de 2010

LA CAGAILLA

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From: angela magaña
Date: 26 ene, 22:16
Subject: LA CAGAILLA
To: LiterataMotril


Algunos de nosotros, motrileños, conocemos la anécdota.
Conversaba el Rey Balduino de Bélgica con el alcalde de entonces: D.
Juan Antonio Escribano; supongo yo que pretendía tomarle el pelo. Le
preguntó el nombre original del lugar en el que estaba situada su
finca "Villa Astrida" y al oir la contestación: "La Cagailla" indagó
sobre el significado de aquello. Muy fino el alcalde le contestó:"la
petite défécation" Y se quedó tan ancho el Señor Alcalde.

Al volver a Motril, me lo he encontrado bastante patas arriba,
todavía, por las obras. He observado que muchos pedazos de acera están
ya acabados y también que gozaban casi todos en su superficie de
alguna más o menos "petite" défécation. Resumiendo: que lo de LA
CAGAILLA, por desgracia le va como anillo al dedo.

jueves, 7 de febrero de 2008

Al pan, pan y al vino, vino.

En una ciudad pequeña y bonita, había un club a orillas del mar. Iba allí lo más granado de la sociedad y lo menos granado, también.
Gentes había que iban allí a hacer deporte y a pasar amablemente unas horas de más o menos solaz y de bastante esparcimiento.
Había un grupo de hombres jóvenes que, además de a empinar el codo con aplicación, se dedicaban (y esto lo hacían con frenesí) a presumir de sus "supuestas" conquistas amorosas.
Algunos extranjeros, procedentes de climas menos benignos, acudían a la ciudad de vacaciones. Ocurría con frecuencia que se enamoraban del lugar y allí se instalaban. Unos preferían la orilla del mar o la ciudad y otros: un chalet, más o menos encaramado a las montañas de alrededor, desde donde poder gozar de un precioso paisaje.
Aterrizó pues, por allí, una pareja joven de escoceses. Ella vivía prácticamente sola en la montaña, ya que su marido viajaba mucho. Desocupada y aburrida, bajaba con frecuencia al club del que hablamos. Despertaba la curiosidad de los foráneos: mujer sola, vistosa y emanando un curioso olorcillo a coñac, al que pegaba fuerte. Se supone que así llenaba sus soledades.
No tuvo otra idea uno de los caballeretes del grupo, que presumir de que se había acostado con ella.
La noticia llegó a los oidos de la interfecta. Todo dentro de lo normal, en un lugar en que el cotilleo era la principal ocupación.
Pasaron unos días, muy pocos, y llegó ella al club, en plena reunión de los imaginativos mal hablados. Se acercó decididamente al grupo y dirigiéndose al mentiroso fanfarrón, en un español muy deficiente pero con una voz muy potente, le dijo. "Vamos a ver: ¿Cuando tú follar mí?"
Más claro agua y, buen corte para aquel melón. "AL PAN, PAN Y AL VINO, VINO"
ANGELA MAGAÑA

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Motril de mis Amores

14/11/2007. Miércoles
MOTRIL de mis AMORES.
Indudablemente, los motrileños nos queremos. Guardando las distancias, o sea, en cuanto me ha visto y sin esperar a llegar hasta mí, una señora me ha gritado: “¡QUÉ NO TE PONES VIEJA!” y luego más cerca ya, ha añadido:”¡con la pila de años que te conozco!”.
Nosotros, los no nacidos aquí, totalmente adaptados al medio, también nos comportamos así, más o menos… Hoy mi marido, le ha dicho a una chica joven y guapilla: “Tienes que ir a Rashid y que te quite esa verruga”. Al lado de la boca, la tenía. La respuesta ha sido. “Que no, que es un “piiisin” (la ortografía pretende ser la onomatopeya de nuestro típico acento). En descargo suyo tengo que decir, que el piercing en cuestión iba disfrazado, porque parecía auténticamente, una verruga.
¿Cómo me voy a ir de Motril? ¡DIOS MÍO! ANGELA MAGAÑA

sábado, 10 de noviembre de 2007

El Peligro de las Fajas de Cuello Alto.

EL PELIGRO DE LAS FAJAS DE CUELLO ALTO. Érase una vez, una tienda de un pueblo, ni muy grande, ni muy chico. La gente no tenía allí el nerviosismo ni las prisas de las grandes capitales, por eso me chocó más el hecho de que la señora que estaba comprándose una faja y eligiendo entre varias (tipo: antídoto contra la lujuria, todas ellas), se mostrase tan hostil con los demás. Como tardaba en decidirse y se tenía que probar, cosa que yo me imaginaba súper dificultosa, le pedí permiso para comprar yo antes, una caja de alfileres. Airadamente me silbó un amenazador “a esperar”. El caso es que la señora no era exageradamente gorda, entradita en carnes pero no tremenda. Ella no, pero la faja que tenía algo de siniestro, sí… Me dio por mirarle a los ojos y vi, en ellos, preocupación e inquietud. ¿Por qué? ¿Quién? ¿Qué enemigo la inducía a meterse allí dentro, a ponerse ese instrumento de tortura? Pensé que aquello debía ser para ella, además de un suplicio, un elemento separador que la alejaría de sus seres más queridos.
Posiblemente tendría un marido que le resultaba todavía apetitosillo, pero la faja no le permitiría el más ligero acercamiento.
Juzgamos, pero no sabemos las verdaderas razones de la amargura de los demás.
En los tiempos que corren vive uno asustadillo: terrorismo, atracos, fanatismo islámico, infartos que, de repente te enteras, han dado a tu vecino, etc. Todo esto se borró de mi mente y me sorprendí pensando en lo que podía pasar cuando la señora se quitase la faja y se le desparramasen a un tiempo las carnes y el mal humor. ¿Y si le daba a alguien? ¿Podría haber víctimas? En fin, nunca se sabe, pero siempre, hay que conservar la esperanza y no perder la fe en Dios. ANGELA MAGAÑA