sábado, 13 de junio de 2009

BRIGADOON (ELECCIÓN FINAL)

MOTRIL, MI BRIGADOON PARTICULAR

Lo que había sido un bonito viaje estaba terminando en algo muy parecido a una huída. Abochornada, todavía, se dirigía a embarcar en el tren que la conduciría de vuelta a su casa en Motril. No podía creer lo que acababa de ocurrirle… Todavía resonaba en sus oídos la voz enfadada de su ¡difunto! marido; clara y nada distante.“Dile a ese mamón que de eso ¡nada!” “¡Que no se confunda!” Una vez instalada en su correspondiente asiento y ya más tranquila, empezó a pensar en lo acaecido. Recordó la súbita muerte de él, su marido, no precedida por enfermedad ni sufrimiento. Le vino a la mente su propio desconcierto y el pensamiento inicial de que, después de compartir toda una vida, no sería capaz de superarlo. Se sintió orgullosa de cómo había vencido sus temores y tristezas y decidido no dejarse abatir e incluso se recreo pensando cómo, ella sola, había ultimado los preparativos, que él había dejado a medias, para realizar el viaje planeado en principio para los dos. Por lo demás todo había resultado perfecto. Le vino a la mente la palabra clave: “Brigadoon”. Se recordó a sí misma antes del viaje, hojeando un viejo diario de su bisabuela, olvidado en un armario de la casa que había pasado de padres a hijos y que, ahora ella habitaba en Motril. El cuaderno de la desaparecida señora, que ella no había llegado a conocer, tenía un título — Motril, mi “Brigadoon” Particular— y una fecha: Octubre 1998. Al abrirlo una foto antigua cayó de entre sus páginas y en él un señor maduro de pelo blanco, atractivo. Por detrás, otra vez lo mismo: “BRIGADOON”, en letras mayúsculas ahora. Representaba aproximadamente la misma edad actual de ella, Victoria. Recordó cómo con curiosidad había consultado en Internet. Brigadoon: Pueblo ideal, legendario, perdido en algún remoto lugar de las “High Lands” escocesas y cuyos habitantes gozaban de juventud y felicidad eternas. La idea sirvió en 1954 para una película de amor: Un musical protagonizado por Gene Kelly y Cyd Charisse (bailarina excepcional, de larguísimas piernas) y dirigida por un tal V. Minelli y que se estrenó en 1995 con ese mismo título. Leyó con avidez lo escrito en el manuscrito y aún sonreía al rememorar lo que la buena señora comentaba en el diario con mucha sorna: “Motril es tan bonito como dicen que lo es Brigadoon, protegido por montañas cubiertas de nieve y dotado de un clima privilegiado, pero… igualito que allí ¡no hay quien salga! No hay tren, aeropuerto tampoco y para los que tenemos problemas para conducir, como yo, esto parece a veces un callejón sin salida y proseguía muy enfadada: Sólo contamos con autobuses lentos e incómodos y viajar despacito ¡no es lo mío!” Esto le hizo mucha gracia a Victoria, ya que en el presente aquel problema de comunicaciones estaba más que superado y Motril contaba ahora con una magnífica estación de ferrocarril orgullo de los motrileños que, lustro tras lustro, lo habían esperado y deseado durante mucho tiempo. Terminó pues de organizar la partida y emprendió su periplo, hacia Madrid primero y luego hasta León donde empezaría la etapa más deseada; viajaría en un tren de vía estrecha: El FEVE, único ya en Europa de esta índole, que recorría la Cordillera Cantábrica en cortas etapas que se hacían, exclusivamente, de día dejando las noches para el descanso y para disfrutar del tren en sí, magníficamente acomodado para ello. La estancia resultaba de lo más atractiva. Victoria adoraba viajar y los trenes en concreto la enloquecían, así es que una vez que se hubo acomodado en su asiento junto a la ventanilla y contemplando los picos blancos de Sierra Nevada se sintió bien y se propuso disfrutar lo más posible el trayecto que, sin duda, iba a ser breve porque aquello volaba… En Madrid pasó unos días deliciosos y después, en otra etapa llegó a León. Se alojó en el Hotel de San Marcos. Todo un lujo. Era una delicia el Parador y también la ciudad: León con su Catedral de un gótico purísimo y con sus cúpulas abarrotadas de cigüeñas. Lo había visitado todo con detenimiento y al llegar la noche, en el típico Barrio Húmedo, había cenado corderillo asado y comprobado con placer que su fama no era infundada. El vinillo… le pareció extraordinario. Transcurridos un par de días llegó de nuevo la hora de embarcar esta vez para realizar el recorrido de la preciosa Cornisa Cantábrica y visitar además los lugares más interesantes en un autobús que acompañaba por carretera al tren. Al salir del parador muy arregladita y pizpireta como siempre y calzada con unos taconcillos bastante respetables, tuvo la mala ventura de que los dos zapatos a la vez se le engancharan en un pequeño pliegue que tenía la alfombra. Se precipitó al suelo… y al caer y con las manos ocupadas como iba, pensó lo habitual en esos casos: “Me mato” Aturdida se encontró entre los brazos de un señor de pelo blanco, muy majete, que estaba de muy buen ver todavía. Oportuno la había “cazado al vuelo”. Le resultó conocido el caballero pero, en un principio, no lo localizó. Le dio las gracias y se dirigió en un taxi hacia el apetecido vagón/ hotel. Era un encanto: antiguo y confortable; tenía todo lo necesario aunque con el espacio aprovechado al máximo. Metió cuidadosamente en el armario sus ropas y todo lo que había traído para aquellos días y sin tardanza se dirigió al salón; un piano y un bar lo presidían y ella se sentó a la vera de una de las mesitas y observó a los demás que iban llegando. Recordó con qué agrado había descubierto que el mismo señor que la había impedido caer se dirigía hacia ella. La saludó, se presentó: “Víctor”… y le tendió la mano. “Yo, Victoria”… y se sonrieron. Aquella sonrisa la “hizo caer”: ¡Era el hombre que aparecía en la foto del diario de su abuela! El que no la “había dejado caer” y se rió por lo “bajini” de la bromita tan tonta que se le había ocurrido. Por un momento volvió a la realidad del momento actual pero su asombro no se acababa de disipar. Siguió recapacitando, procurando repasar cada detalle mientras el tren proseguía su viaje. A su mente vino el momento en que él le dijo que venía de Brigadoon y cómo se había sorprendido al rememorar la foto y al acordarse del viejo diario y cómo había acabado no dando importancia a aquel detalle, sumamente sorprendente en realidad. Una vez iniciado el crucero en el FEVE pudieron comprobar que, cada noche, el tren estacionado se convertía en un espacio de convivencia, con un buen restaurante, música y diferentes actuaciones para los componentes de la expedición a los que se veía felices y relajados. Todo era de lo más agradable. Cuando llegaba el día reemprendía la marcha; el recorrido no solía sobrepasar los 150 Km. y ellos gozaban del paisaje verde y refrescante y cuando paraban de nuevo, un autobús que los acompañaba por carretera, los llevaba a visitar los pueblos y vestigios románicos situados en lugares a los que las vías de ferrocarril no llegaban. El tiempo fue amable con ellos y tuvieron la oportunidad de conocer mil sitios bonitos; en Palencia: Santa María de Frómista con su Cristo, románico también, austero y conmovedor, las diminutas teselas de algún pavimento romano… aunque no podía acordarse de todo, pensó que lo haría cuando llegase a casa y pusiera orden en sus ideas y en los recuerdos que había ido conservando. Santillana del Mar le gustó mucho, las Cuevas de Altamira, en fin… toda la costa Cantábrica tan agreste e impresionante.Víctor se había erigido en su compañero asiduo y parloteaban mucho, con muy buen humor, lo que les permitió descubrir lo mucho que tenían en común. En Asturias hubo un pequeño incidente que provocó su aproximación: Desde Ribadesella el autobús los llevó por escarpadas laderas a la Basílica de Covadonga y fueron a la pequeña gruta de la Virgen venerada por su reputación de milagrosa y después otra vez, carretera arriba, hasta la cumbre donde están los preciosos lagos. Hicieron muchas fotos y al regresar al tren Victoria dejó la cámara sobre su cama y salieron a cenar a un buen restaurante. No se dio cuenta pero una pequeña rendija quedó abierta en la ventana del vagón y algún crío se debió colar por el hueco. Cuando volvieron el aparato y alguna cosilla más habían desaparecido. Lo sintió, especialmente por las irrepetibles fotos, pero eso dio pie a que los dos se sentaran en la cama y charlaran con más intimidad de la habitual… Más tarde: Cudillero, Luarca les enamoraron y entre visita y visita: comidas que estaban para chuparse los dedos y… buen vino. Todo propiciaba el acercamiento y la diversión. Victoria no podía creer lo que le estaba pasando. Lo último fue Santiago que les pareció una ciudad encantadora. Después vino la última etapa, la final: Ferrol/ León, pero en autobús esta vez. El crucero en tren había terminado y… era hora de despedirse. Entonces es cuando tuvo lugar lo que hizo que Victoria, ahora en el tren que la reconducía a su casa, saliese medio huyendo sin tomarse tiempo ni para despedirse. Podía recordar como Víctor con los ojitos tiernos y sin pensarlo un pelín le había dicho: “Victoria, llevo toda la vida esperándote y ahora no te voy a dejar escapar. Te ofrezco mi hogar en el sitio maravilloso en el que vivo. Quiero que compartamos nuestras vidas de ahora en adelante. Ven conmigo, por favor” Ante el estupor de ella, había continuado: “Tengo la impresión de haberte querido antes. No es ahora cuando nos hemos encontrado. Tu has sido mía desde… siempre” Se sacó del bolsillo una antigua y amarillenta foto. Victoria pudo reconocer en ella a su bisabuela (parecidísima a ella, por cierto), pero lo más sorprendente era que a su lado estaba ¡Víctor! con la misma apariencia que tenía en el retrato que un día cayó del viejo diario. Victoria estaba hecha un auténtico lío y encima en su fuero interno oyó, o creyó oír, la voz de su finado marido que con su acento más madrileño y más enfadado susurraba: “Dile a ese mamón que: de eso ¡nada!” “¡Que no se confunda!” Completamente apabullada temió que la ¿imaginada? voz de su ex, fuese escuchada por Víctor o por alguien más y salió precipitadamente en dirección contraria, a tomar el primer taxi que pasó, sin dejar reaccionar al lanzado pretendiente. Dos días después, ya en su casa de Motril, de vuelta a su vida cotidiana volvió a hojear el viejo diario. La palabra “Brigadoon” iba tomando sentido para ella. Caviló acerca de lo de la eterna juventud… Ya tenía ella, que no era precisamente una veinte añera, sus correspondientes dolorcillos en la espalda, su poquito de colesterol y en fin… lo propio de su edad, que era más de eso que de coquetear como una loca. Lo pensó así ligeramente avergonzada, pero en el fondo… feliz. Se preguntaba cómo iba a acabar aquello y pasaron los días. Reflexionaba, hasta que se dio cuenta de que aquello de que el tiempo no pareciese pasar para él tenía sus desventajas. "Igual se cree desde su dichoso Brigadoon (se decía ella) que me está haciendo esperar cuatro días, me hace como a mi abuelita… y deja pasar dos o tres generaciones". En efecto transcurrieron unos meses… pero Victoria que, ya de por sí, se preocupaba por su aspecto y por ser una persona positiva cada día estaba más guapetona y resultaba más interesante. Un día conoció a un hombre más real, de los que se ponen viejecitos con el paso de los años, como todo el mundo. Vivieron contentos y felices, sin abusar de las perdices por lo del colesterol y… colorín, colorado este cuento se ha acabado.
P.D.En el fondo a Victoria no le hubiese hecho ninguna ilusión heredar el novio de su abuelita. ÁNGELA MAGAÑA

viernes, 22 de mayo de 2009

ABUELA DE CRISTAL// OTRO FINAL

LA ABUELA DE CRISTAL.

Tenía 7 años y se llamaba Alejandro...
Como un loco revolvía todos los rincones de su casa en busca de una caja… y es que tenía un problema. Su abuela jugaba mucho con él. Era muy divertida, pero aunque parezca extraño: no era como las demás abuelas de carne y hueso. Esta era DE CRISTAL. Muchas veces, en lo más emocionante de un juego, tropezaba o simplemente se caía y se rompía en pedazos.
Se le había roto la nariz, un brazo y luego el otro, una cosa que se llamaba pelvis… Los dedos de los pies sonaban como campanitas CLIC, CLAN, y… uno menos. El pobre Alejandro, preocupadísimo, buscaba soluciones. Una caja… quizás… para guardar los trocitos. No estaba convencido.
Se paró a reflexionar, observaba los trastos del desván y de repente se fijó en una escoba... ¡Su héroe! HARRY POTTER. Se acordó inmediatamente de él y de su magia y se puso a caballito sobre el mágico artefacto a ver que pasaba. NO SE ELEVABA, no levantó el vuelo, pero en su cabeza y como por hechizo empezaron a surgir en imágenes algunas ideas para ayudar a la pobre abuela. Eligió una: En cierta ocasión había visto una película divertidísima de un rabino que iba a visitar una fábrica de chicle y se caía dentro de una enorme cuba de esa chuchería tan rosa y tan rica. Pensó que si bañaba a su querida y frágil abuela en una de esas extrañas “piscinas” posiblemente se pusiera más flexible.
No le contó a nadie su plan pero convenció a la familia y todos juntos fueron a visitar una fábrica de chicles. Un señor muy amable les iba enseñando los diferentes momentos y etapas de la elaboración. Él se mantenía muy pegadito a la abuela y en el momento oportuno le dio un empujoncito y ¡ZAS!… ¡A la cuba que fue! ¡De cabeza!
Se asustaron de muerte todos ellos y Alejandro el que más. Pensó: “¡Me la he cargado!” “¡Me quedo sin abuela!”
La sacaron y le lanzaron a él 2 o 3.000 miradas asesinas… pero la abuela después de un buen baño y de muchos tirones, para quitarle los pedazos de chicle que tenía pegados (quedó muy depiladita, la pobre) empezó a tener un aspecto diferente.
Su sonrisa se suavizó y toda ella se puso más flexible. No se atrevieron a darle un golpe para probar, por si acaso… Estaba feo, ir aporreando ancianas por mucho que fuesen de la familia.
Seguía siendo igual de patosa. Muy pronto, tropezó y trastabilló como si fuese a caerse, pero no se cayó. Pasaron unos meses y las comprobaciones sobre la fragilidad de la abuela seguían sin hacerse. Todo parecía ir bien. No más roturas por el momento, pero Alejandro seguía teniendo sus dudas.
Un día bajaban juntos unas escaleras y la señora imitando al niño, dio un saltito en el último escalón para bajar; no bajó ¡Rebotó! … y apareció de nuevo en el escalón superior.
Se mosquearon muchísimo, pero poco a poco el dulce baño debió ir perdiendo su efecto, porque lo de rebotar no volvió a pasar.
La abuela, en cualquier caso, no volvió a romperse nada y poco a poco fueron olvidando el problema. A Alejandro ¡eso sí! nunca, nunca más, le permitieron la entrada en otra fábrica de chicles pero la verdad es que tampoco le importó demasiado.

domingo, 17 de mayo de 2009

UNA SEÑORA DEL MONTÓN

UNA SEÑORA DEL MONTÓN

Marta viajaba con su marido y se sintió enternecida por el hecho de verle a él, casi anciano, tan solo. Hacía, no obstante, las comidas en la mesa del capitán. Sin embargo no pensó ni por un segundo que él fuese un personaje ciertamente ilustre.
Le atrajo su aspecto serio y su aire intelectual. Su pelo blanco, su tez y ojos claros, su avanzada edad inspiraban confianza y se acercó a él. Llevaba en la mano un libro: “La fiesta del Fauno” que sirvió de tema de conversación. ”Demasiado descarnado. Muy fuerte” dijo él y “encima basado en hechos lamentablemente reales” y confesó haber sido incapaz de acabarlo.
Las horas de navegación eran muy placenteras; las verdes costas noruegas, los penetrantes fiordos por los que el barco se deslizaba; las frondosas paredes de riscos interrumpidas a veces por trepidantes caídas de agua. Todo un espectáculo. Una alegría el grito del capitán por los altavoces del barco: ¡“Balena al sinistra”!
Cuando hacían alguna excursión en tierra el anciano se limitaba a algún corto paseo, siempre tranquilo como si emanara paz. No participaba en las visitas a glaciares, ni en nada en lo que hubiese que esforzarse. Dedujo ella que su corazón no andaba sobrado de bríos.
Un día visitaban las Islas Lofoten donde las casas de los antiguos pescadores de bacalao se elevaban, sobre pilares, en el agua misma. Ella al ver que todo el mundo (excepto él) hacía fotos o filmaba, se le acercó llevando su cámara y le dijo amablemente: “¡Ahora te toca a ti!”
El crucero por el Mar del Norte terminó sin que hubiesen tenido otra cosa que breves encuentros. No sabía Marta a que se dedicaba el buen señor, ni habían tenido tiempo de charlar demasiado. Se llamaba Antón Menchaca Careaga. Era afable, culto y muy agradable y ahí se acababa lo que sabía de su nuevo amigo.

A la hora de despedirse ella le pidió la dirección y eso fue todo.

Marta y su marido pasaron después unos días en Santander y volvieron a su casa en Motril.
Ordenó ella los recuerdos, los múltiples: “Today” en los que se desgranaban, día a día, las actividades y excursiones del maravilloso crucero que acababan de disfrutar.
Al ver las fotos de Antón pudo comprobar que no había salido especialmente favorecido. A pesar de todo se quedó con una como recuerdo y las demás se las mandó junto con una carta en la que le contaba como había terminado aquel fantástico mes de agosto.
Ahí empezó todo.
Antón Menchaca resultó ser un hombre de mar por vocación. Por sus estudios en las Escuelas Militares de Cádiz y Marín había llegado a Capitán de Corbeta. Había estudiado también Humanidades en Oxford y Derecho en la Complutense de Madrid.
Pero todo esto Marta lo desconocía y su sorpresa fue mayúscula cuando en respuesta a su humilde carta con unas irrelevantes fotos contestó él con una preciosa y expresiva misiva y con una de sus novelas porque también resultó ser ¡un escritor consagrado! Fundador de “Cuadernos para el Diálogo” y colaborador en el nacimiento del diario “El País”, pero esto todavía era inédito para Marta.
Inocentemente ella le envió (para corresponder) la novela que acababa de leer. “Dios vuelve en una Harley”. En esta novelita Joan Brady presenta a su protagonista: Christine de 37 años, poco atractiva y poco esperanzada de encontrar un hombre, pero Dios vistiendo chupa de cuero y cabalgando una imponente Harley Davidson se presenta en su entorno y con gran sencillez le va dando unas normas de vida que harán de ella una mujer distinta y libre.

Antón leyó el libro no una sino dos veces y le gustó tanto que esto dio lugar a otro tipo de relación entre ellos. Empezó a escribirle y a mandarle, con asiduidad, libros escritos por él mismo. En sus cartas bromeaba con ella y le decía que ella (Marta) era su John (el Dios de la Harley) y que había aparecido en su vida para infundirle ánimos como John a Christine en la novela.
Recibía de él a vuelta de correo poemas, cartas y novelas suyas firmadas y dedicadas con todo cariño ¡No podía creerlo!
Siguieron cuatro años de correspondencia sólo interrumpida por las recaídas de él que vivía ya los últimos cuatro años de su larga vida.
Hablaban por teléfono con frecuencia y llegaron a tener un inolvidable amistad sobre todo para Marta que se sentía muy honrada y que se emocionaba hasta las lágrimas al tener la oportunidad de leer dirigidas a ella (se sentía afortunada) tan interesantes y bien escritas cartas
Él, a su vez, le decía que para él era estimulante y divertido. Seguían las llamadas, las cartas, los envíos de libros. Poco a poco y no precisamente por él fue descubriendo Marta que nacido en 1921, había sido siempre un hombre de talante liberal. En la España de Franco y en 1957 había acabado en Carabanchel, donde se había forjado aún más su personalidad rebelde, habiendo coincidido, como ocurrió, con otros críticos del régimen como Tierno Galván, Joaquín Ruiz Jiménez con los que hizo causa común.
Marta estuvo siempre muy orgullosa de su relación con Antón, guardaba las cartas como un tesoro, junto con los libros y sobre todo se sentía muy satisfecha al ver que él esperaba las suyas con impaciencia y que las valoraba cómo estimulantes y divertidas. El último día que hablaron fue aquel tan triste en que en Nueva York fueron derribadas las Torres Gemelas.
La salud de Antón Menchaca Careaga empezó a sufrir más o menos por entonces un bajón parecido y cayó en picado como los edificios en cuestión.
Lo único que sobrevivió acrecentada fue la antes debilucha autoestima de nuestra señora del montón: MARTA.
No pudo acudir como le hubiese gustado al Homenaje Póstumo que en Bilbao, de donde él era, le organizaron. La família avisó casi de víspera y de Motril a Bilbao, hay algo parecido a “una buena tirada” Le hizo ella su propio homenaje en el recuerdo y no olvidándolo nunca.
. ÁNGELA MAGAÑA.

sábado, 9 de mayo de 2009

TAREA 25: LA FUERZA DEL DESTINO

Tarea 25

LA FUERZA DEL DESTINO
Ajena a la tormenta que se cernía sobre el pueblo, la familia desarrollaba sus tareas cotidianas. El joven padre en la planta baja cuidaba (creía él) sólo de los dos niños mayores y se ocupaba a la vez de la pequeña tienda de comestibles.
El bebé, que era el tercero, dormía en la cuna sin hacerse notar. Lo tiene la madre con ella, pensaba el padre.
En el altillo de la casa la mujer separaba las peras que estaban en su punto de venta, de las muy duras. Tranquila: los niños, abajo con mi marido están bien (pensaba). Un terrible trueno los sacó de su despreocupación. Como solía ocurrir las montañas que rodeaban la pequeña ciudad vertían el agua de lluvia en las calles que como torrentes amenazaban con inundar su vivienda. Siempre lo evitaban poniendo un alto tope de madera encajado en la puerta de entrada.
Esta vez estaban desprevenidos. No había tiempo; sólo coger a los niños y ponerse a salvo en la bohardilla, con la madre que ya estaba allí. El pequeño quedó en la cuna.
Cuando quisieron darse cuenta flotaba en ella como otro Moisés.
Tal fue el susto que no hubo ni reproches ni quejas por los destrozos causados por el agua. Todos a salvo; eso era lo importante.
Todo parecía haber pasado… se tranquilizaban otra vez. Lo que ocurrió después ni había ocurrido antes, ni lo esperaban: Fragor inmenso… ¿Qué ocurría ahora?
Esta vez la presa había estallado. Uno de los muros no había resistido el envite de las aguas descontroladas por una fuerza inconmensurable
Esta vez todo salió inundado, todos perdidos: Los niños ¿Dónde estaban? La casa parecía un gran torbellino. Sola la madre sostenía al más pequeño que había recuperado poco antes de la cuna flotante. En sus brazos el bebé y en su cabeza el miedo intenso que la atenazaba…

martes, 14 de abril de 2009

Autor: Alejandro (7 años)

LA VIUDA NEGRA Y LA COBRA.
En dos jaulas contiguas la terrible “Viuda negra” y la mortífera cobra, llamada Naja, veían aburridas como pasaba la gente.
Mientras el vigilante limpiaba la guarida de la araña ésta se escapó por su sitio secreto. Nadie se dio cuenta. Se introdujo en la jaula de Naja.
La viuda llevaba sus hijitos en la espalda y cuando crecieron la jaula de Naja se llenó de arañas venenosas.
La serpiente había puesto también muchos huevos y nacieron muchas cobras. Y pelearon las unas contra las otras. Las arañas recién nacidas se metían en la boca de las serpientes y consiguieron matarlas a todas.
De repente los niños que visitaban el Parque de las Ciencias empezaron a morir misteriosamente.
Más tarde más gente empezó a morir en Granada, España y luego por todo el mundo.
Un científico descubrió lo que pasaba e inventó un “aplasta arañas” súper potente.
Fue el héroe del Mundo.
FIN.
Firmad0: ALEJANDRO SALAZAR.

lunes, 6 de abril de 2009

PARTICULAR NAVIDAD DE UN NARRADOR DE HISTORIAS

Publicado en el libro: Copos De Nieve en Navidad 2006/2007

“Un ascensor cae desde un octavo piso. Sus tres ocupantes resultan muertos”

Este titular apareció en los periódicos el día veinticuatro de diciembre, cuando todo el mundo hacía los preparativos de Navidad.
Se trataba de un edificio típico de Madrid con pisos buenos, aunque no lujosos. Las gentes que allí vivían solían quedarse de por vida. Se conocían unos a otros superficialmente, pero había alguien que no se conformaba con eso; quería saber más… Más de cada uno de los vecinos.
Se trataba de Juan. Juan había vivido en la casa desde que nació. Su vida de trabajo había pasado sin pena ni gloria. Vida de soledad casi exenta de emociones, ni siquiera los típicos escarceos amorosos de juventud. Siempre había huido de todo aquello que hubiese podido producirle la más mínima inquietud.
Era un lector infatigable, de esos que anda perdido al terminar una novela hasta que se sumerge en la siguiente. Esto está muy bien… pero en su caso surgía la preguntita: ¿Hay vida después de la lectura? ¡NO! No, en su caso. No tenía vida más allá de la de los personajes de los libros que leía. Era tranquilo con aspecto de buena persona. Su mirada huidiza denotaba inseguridad y solía lucir una tímida sonrisa que quedaba disimulada debajo de un bigote, del que estaba secretamente orgulloso.
Vivió con sus padres hasta que murieron los dos, casi a la vez y casi de la misma enfermedad. Almas gemelas, pensaba Juan. Pero como era de poco sufrir, ni siquiera eso le había hecho demasiada mella.

El tiempo pasa muy rápido y un buen día Juan se encontró a sí mismo, disfrutando de una jubilosa jubilación. Gozó de ello al principio. Pero poco a poco, los días resultaron ser demasiado parecidos entre sí y decidió hacer algo que siempre le había apetecido: Escribir.
Necesitaba un ordenador, una de sus armas de trabajo antes y ni corto, ni perezoso, se compró uno y empezó a asistir a un taller de escritura creativa.

Le sorprendió lo fácil y agradable que le resultaba aquello y animado por un buen profesor, se fue metiendo más y más en poemas, narraciones, cuentos y todo lo que se suele hacer en un taller de escritura.
Escribía con fluidez y no tenía problemas, por regla general, para expresarse y plasmar en el papel lo que le pasaba por la cabeza. Recordemos que siempre había sido un lector empedernido. Lo malo es que, precisamente, pocas eran las ideas que tenía en mente. Su vida carecía de interés. Era de lo más anodina.
Ni siquiera la Navidad tenía nada especial para él. Todas y cada una de ellas, habían sido casi iguales; antes, cuando vivían sus padres y ahora que estaba tan solo.
Unos meses antes de aquella Navidad última, una de las concejalías del barrio donde vivía convocó un pequeño concurso de relatos y poemas. Tímidamente, animado por el profesor y basándose en un viajecito que había hecho en cierta ocasión, presentó una pequeña historia de su invención que había conseguido hilvanar con cierta habilidad.
Pasaron un par de meses y un jurado benévolo tuvo a bien otorgarle un premio.
Siendo como era, un ser que nunca había resaltado en nada, el galardón tuvo para él, un efecto desproporcionado y empezó a obsesionarse con conseguir algo más de notoriedad.
Su nueva afición empezó a convertirse en obsesión. Escribía y escribía y a veces conseguía que su profesor y sus compañeros de taller alabasen algo suyo y eso llegó a ser para él una especie de frenesí rayano en el paroxismo.
Una obsesión llegó a dominarlo todo: BUSCAR NUEVAS HISTORIAS PARA SUS RELATOS.

Buscando fuentes de información se fue acercando al portero del inmueble, que sentado en su garito le ofrecía un asiento, conversación y frecuentemente temas (basados en el más vulgar de los cotilleos), para sus anheladas y creativas horas enfrente del ordenador.
Para mayor acercamiento, los dos juntos (el portero y él) pusieron en el portal los típicos adornos de Navidad: Bolas de cristal, guirnaldas y lucecitas. Sin olvidar, por parte del portero, una bandejita con polvorones y algunas chucherías, ya que con eso, el hombre, se trabajaba las anheladas propinillas.
Para conseguir cierta intimidad, dejó Juan de lado sus verdaderos sentimientos sobre la Navidad, que no significaba nada de nada y así, la amistad pareció fortalecerse.
Casi sin ser vistos podían observar desde aquel cuchitril, todo lo que ocurría en el vecindario y Juan aportaba, a veces, una botellita de cualquier vinillo para, como él decía: darle color a la conversación.
Cada vez más obsesionado pensaba: mi vida tan normal, resulta anormalmente aburrida y se fue imbuyendo de la idea de buscar y buscar y buscar, algo verdaderamente interesante.
Resultó que la gente de su entorno, era como él, de lo más normalita; al menos se lo parecían. Sus dotes observadoras crecían y él seguía al acecho de un gran argumento para sus escritos.
De repente un día, una luz se encendió en su cabeza y empezó a ver con nuevos ojos críticos. Se dio cuenta, de que no había que ir muy lejos para encontrar. Lo tenía al alcance de la mano.
Observando se dio cuenta de que tres mujeres cercanas a él tenían unas características un tanto peculiares.
Solían ir juntas, sumidas en sus charlas susurrantes acompañadas de miradas inquisitorias que provocaban, en los que se cruzaban con ellas, sensaciones del tipo: ¿Llevaré la cremallera abierta? ¿Tendré alguna mancha horrible? ¿Se me habrá descosido algo? Pero la gente suele tener ocupaciones y preocupaciones reales y las olvidaba inmediatamente.
Él las observaba con minuciosidad y recababa información sin cesar.
Una de ellas, por ejemplo, vivía también en completa soledad. Se llamaba Elena.
Perdió a sus padres, relativamente jóvenes todavía, por enfermedad y más tarde a sus hermanos, por avaricia.
Se erigió ella solita, en heredera universal y de resultas, decidió quitarse a los hermanos de encima. Quizá influyó en ella, una terrible meningitis, sufrida años atrás y que se complicó con una hemiplejia ¿Se le iría la cabeza o era simplemente afán de acaparar? ¿Quien sabe… ?
En su juventud fue una mujer inteligente y en cierto modo atractiva. Pero la inteligencia tiene diversos campos, en los que desarrollarse. La de Elena era de tipo académico. La otra, la inteligencia emocional, era un auténtico fracaso. Nunca supo rodearse de gente que la quisiera bien. No sabemos que es lo que ella valoraba.
Tuvo varios pretendientes, muchachos buenos, que hubiesen sido capaces de hacerla feliz, pero todos tenían defectos: Orejas de soplillo, un pequeño tartamudeo, otro tenía “cara de imperdible”, o un acento que no le gustaba… cosas de este tipo. Siempre había un motivo para burlarse despiadadamente de ellos y cuando no lo encontraba, surgía la gran tontería: “Mi padre era el único hombre que merecía la pena”
Su padre fue, en verdad, un hombre muy especial; pero en ningún modo: irreemplazable. No hay nadie que lo sea.
A los hermanos los alejó innecesariamente, después de hacerse dueña de todo lo de los padres y quedarse ella sola con piso, joyas, cuadros y colecciones muy valiosas, que el padre había reunido, diciendo siempre que todo aquello, el día que él faltara, sería para sus hijos. Digo, innecesariamente, porque nadie le reclamó nunca nada, en realidad, ni siquiera el único que en aquel momento hubiese necesitado un techo bajo el que guarecerse.
Pero nada se perdona peor a los demás, que el haber obrado mal uno mismo y haber sido injusto. La conciencia, posiblemente a modo de autodefensa, tergiversa los hechos de forma que el que comete el agravio se cree a su vez, el agraviado.
Su propia conducta la alejó, pues, de todo su entorno anterior. Los que todavía conservaban su aprecio la rehuían, por la imposibilidad de aguantar su conversación monotemática: “Yo, yo, yo… ”
Escuchar a los demás, tampoco era lo suyo. En cierta ocasión un familiar suyo sufrió una explosión de gas en la casa, de tal calibre, que casi acaba en tragedia. Al enterarse no fue capaz ni de interesarse por cómo habían escapado al tremendo susto En otro momento alguien le dijo: “Estoy hundido porque mi mujer tiene un cáncer galopante” y contestó “¡Vaya… Qué faena! ¡Pues sí!... El gato del señor del tercero, cada vez que me ve, se frota contra mis piernas… ¡Más mono!”
Son ejemplos que valen para hacerse una idea de lo que era su conversación y del nivel de egocentrismo al que había llegado.
Habría mucho que contar de las relaciones que posteriormente llegó a tener con otros hombres, todas ellas (¡por descontado!) en el ámbito más estricto de la pureza, ya que el sexo fuera del matrimonio era pecado y ellas (las tres amigas) eran santísimas y purísimas ¡No faltaba más!
De todas formas, ya mayorcita, llegó a interesarse por un par de hombres. Uno, resultó estar casado y cuando Elena se enteró, se apresuró a cortar su relación con él.
EL otro: Carlujo, era también un tipo curioso. Juan consiguió enterarse de muchas cosas:
El matrimonio, que tanto le hubiese gustado a ella, estaba totalmente fuera de los planes de Carlujo, a pesar de lo cual fue objeto de una adoración enfermiza. Más de diez años mayor que ella, el buen señor, se dejó adorar en una relación platónica, hasta que murió, muchos años después. A él también debió, resultarle aceptable esta especie de noviazgo, incluso placentero por lo compartimentada que tenía su propia vida; simplemente, por eso.
Compartía su vida con su madre, tres hermanas también solteras y una gata. Así pues de la madre tenía justamente eso: amor de madre. Las hermanas se ocupaban de mantenerlo limpito, comido y atendido y a la gata le reían, todos ellos las gracias; cuando por ejemplo, cazaba algún pajarillo que no se comía hasta que los amos lo habían visto.
Su especialidad era hablar “ex cátedra” y cualquiera que fuese el tema tratado, aconsejaba sin fin a sus interlocutores, que procuraban darle esquinazo a la primera ocasión.
En su casa lo tenía todo solucionado y el resto de sus necesidades eran también satisfechas, previo pago, por una de las muchas mozas, que a eso se dedican.
Con lo cual, el cometido de Elena se reducía a acompañarlo a tomar copitas sin fin, de compras, a escuchar sus batallitas y sobre todo a lo que hemos dicho antes: reverenciarle y servirle en cualquier cosa (ajena al sexo) con una devoción sin límite. ¡Ella, que tanto se había burlado de otros hombres, con muchas más cualidades!
La relación con este señor, trajo consigo (no se sabe muy bien por qué), el desprecio más absoluto para Elena, por parte de las cuatro mujeres de aquella familia de solteros (que también las hay), de forma que se vio sometida a las más estúpidas y absurdas vejaciones. Ni la avisaron siquiera en el momento en que murió, de una penosa enfermedad, durante la cual Elena sola había sido la más asidua enfermera, cargando con tareas que nadie más estaba dispuesto a hacer. Ausente en el momento fatal, no pudo ni asistir al entierro; nadie la avisó y mucho le tuvo que doler, pues era auténtica, la veneración que le profesaba.
De todo esto, se fue enterando Juan y empezaba a entrever en todo ello el tema para su gran narración. Pero: Faltaba algo… no sabía muy bien el qué. ¡Necesitaba más emoción!
A las otras dos amigas, no pudo llegar a conocerlas tan bien. No vivían directamente en el mismo edificio y las informaciones del portero eran menos completas.
Tenían, en cualquier caso y con pocas variantes una mentalidad casi calcada.
Eso de que Dios las cría… Estas dos, sin embargo, habían estado casadas. En nuestra época en la que tanto se habla y con razón del maltrato en la pareja, habían tenido ellas la suerte de tener dos buenos maridos (uno cada una, ¡claro!)
Juan decidió que en su narración pasaría por alto, casi todo lo referente a ellas. Ramona era una mujer verdaderamente insidiosa, que hizo mucho daño en la familia con sus críticas infundadas, pero Juan decidió aludir únicamente al hecho de que el marido de esta Ramona, le recordaba a un personaje de Alphonse Daudet, en uno de sus Cuentos del Lunes: "El hombre del cerebro de oro "
Este personaje (el del cuento), bondadoso en extremo y de una ternura extraordinaria (suelen ser así los protagonistas de Daudet), había tenido la debilidad de dejar traslucir el hecho de que su cerebro, además de ser de oro; pedacito a pedacito podía servir para comprarle caprichitos a su querida mujercita. La amada, zalameramente, pidió, como regalo fatalmente póstumo, unos lindos zapatitos de seda y en ellos se fue el resto del oro y lo que al enamorado le quedaba de vida. Juan pensaba, al leer esto, en el hombre de Ramona; por algo sería.

Juan no descartaba escribir algo en el futuro, más completito, inspirándose en esta mujer, porque lo que de ella sabía le parecía alucinante también.
La tercera señora era la peor de todas: poco agraciada y desagradable. Eso no necesitaba Juan que se lo dijese el portero, porque él lo sufría en sus carnes, cada vez que se cruzaba con ella; él y el resto de los vecinos.
Pero el más afectado también en este caso, era el marido. Un hombrecillo delgadito muy majo, que parecía un pajarito de flacucho y poca cosa que era. Era muy agradable y lo pasó mal, porque la mujer había sido captada por una de esas sectas, especialistas en destrozar familias y en el lavado de cerebro de los que caen en ellas. En este caso lo consiguieron plenamente. Cuando él echaba de menos alguna satisfacción para su cuerpecito serrano y ante la “gran espiritualidad” de su mujer solía comentar: “Se ha metido en mi cama”, refiriéndose a la secta, evidentemente. El pobre hombre acabó solo y murió poco tiempo después.
Estos detalles iban siendo acumulados en las notas de nuestro escritor, que seguía obsesionado por conseguir más detalles.
Empezó a dormir mal y una mirada extraviada brillaba de vez en cuando en sus ojos. Sus compañeros de Escritura pensaban que su dedicación al Taller y a escribir, era extraordinaria y le preguntaban con frecuencia por su salud, porque el estado de ensimismamiento en que lo veían, empezó a parecerles peculiar. Después de clase se separaban y como nadie había intimado con él, lo olvidaban.
El portero que nunca había hecho amistad con los otros vecinos, empezó a encontrarlo raro. Pasaba demasiado tiempo en la portería y se empezaba a poner tan pesado con las preguntas, que hasta él, que era cotilla por naturaleza, empezaba a cansarse.

Llegó el día 23 de Diciembre. Eran las doce del mediodía, el ascensor empezó a hacer un ruidito, como de algo que roza y el portero avisó al servicio de mantenimiento.
Otras veces ya había pasado; no parecía tener importancia. Un técnico apareció por allí para revisar, cables y maquinaria.
Juan y el portero seguían juntos en el garito de la portería. El técnico ocupado en lo suyo, estaba arriba, en la sala de máquinas.
Una vecina bajó a la portería para avisar de que en su casa había una fuga de agua.
El portero más solícito de lo habitual, en espera de la propina de Navidad, la acompañó a su piso. Bajó el técnico y le dijo a Juan, solo allí, en ese momento: ”Afortunadamente han avisado Vds. Hay un cable casi suelto; está muy peligroso. No hubiese aguantado otro viaje. Voy arriba a interrumpir el servicio”
Colgó un cartel con un “FUERA DE SERVICIO” muy grande en la puerta del ascensor y emprendió presuroso la subida; por la escalera, esta vez.
Juan, siempre al acecho, vio que las tres damas se acercaban por la acera. Iban despacio parándose para charlar. Malévolo en su enfermizo afán, se acercó al ascensor y cogiendo el cartel lo escondió bajo su chaqueta. Se sentó y esperó.
… Y mientras esperaba enajenado, afilaba mentalmente su lápiz, relamiéndose de pensar en el relato que escribiría. Una mirada de demencia brillaba en sus ojos.
Ni siquiera el estruendo del ascensor al caer, lo sacó de su ensimismamiento.
Por fin este año tendría: UNA FELIZ NAVIDAD.
Fin y conclusión. “Un ascensor cae desde un octavo piso. Sus tres ocupantes resultan muertos” ÁNGELA MAGAÑA

jueves, 2 de abril de 2009

GENTE FAMOSA. TAREA 23

No olvidaba que había nacido en una granja y que en sus años mozos había tenido que cuidar cerdos y otros animales.
Ahora decían de ella que era el animal más bello del mundo. Su labia dejaba mucho que desear y también su forma de actuar; nadie lo notaba.
Llegó a España para rodar en Cataluña (en Tossa) una película con Mario Cabré. Nuestro país y la apasionada forma de vivir de la gente del mundo del toro la arrastró y una noche (sólo una, aseguraba ella) de copas y farra despertó en la cama con su torero: Mario Cabré.
Él tenía una personalidad compleja y ante tan monumental mujer le salió la vena poética y se dedicó a escribirle sonetos.
A Ava después de un matrimonio corto y desastroso con Mickey Rooney aquello le causaba una gran impresión; anhelante como estaba de ternura y admiración.

Cuando todo esto llegó a los oídos del hombre con el que estaba comprometida, Frank Sinatra, la reacción fue inmediata. Abandonó todo, viajó a España, e irrumpió bruscamente en el plató donde estaban rodando.
“Mientes” dijo ella en un principio;” No ha habido nada entre nosotros, somos compañeros de rodaje. Tú eres muy mal pensado”. Siguió: “Tú todavía tienes esposa y dices que te vas a divorciar pero nunca llega el momento”
La respuesta fue digna de aquellos tiempos en el que el hombre “era muy hombre”. Debió pensar, con música y todo “Esto lo arreglo yo: a mi manera” y bofetada que le soltó.
Tierna y apesadumbrada se le acercó llorando y le besó sumisamente.
Después, mientras él atendía a sus admiradores, la acongojada Ava se retiró a su camerino a intentar recomponer su maquillaje y sus enrojecidos ojos.
El torero la siguió y en un abrazo de despedida le susurró al oído: “Muchas heridas y revolcones he tenido que sobrellevar. Si tú me dejas por ese gángster, mi dolor será mayor que el que me hubiese hecho un miura. Lo nuestro no ha sido un simple revolcón; no he conocido a nadie como tú; ha sido algo sublime, eres única y si lo deseas siempre lucharé por mantenerte a mi lado.
Todos sabemos a quien eligió… Yo que soy muy mala sitúo un pensamiento en su cabeza preciosa de diosa adorada. “Que me quiten lo bailado”
ÁNGELA MAGAÑA.


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viernes, 27 de marzo de 2009

EL RASTRO. TAREA 22

EN EL “RASTRO”

Corría el año 1950. Mi padre me llevaba de la mano e íbamos contemplando ese mundo sumamente pintoresco e inmenso llamado “Rastro”.
Un hombrecillo escuálido paseaba lentamente mirando los mil artículos esparcidos por el suelo sobre mustios tapices. De todo había allí: gafas (más o menos enteras), ropas viejas, zapatos (a veces desparejados) y bibelots varios.
Hombrecillo: Interrumpí súbitamente mi paseo y quedé clavado frente a un montón de dentaduras viejas.” Eso es justamente lo que me está haciendo falta”; pensé. Sin dudarlo, me las fui llevando a la boca y empecé a probármelas. Encontré la que, más o menos, me convenía y eché mano al bolsillo. Después de mucho rebuscar conseguí encontrar una moneda y pagué.
Un viandante que me miraba atónito dijo: ¿Podrá Vd. comer con eso? A lo que contesté: “Sí, si consigo algo a lo que hincar el diente”
Mi padre: Era un domingo cualquiera, por la mañana. Llevaba a la niña de la mano y contemplábamos las mil curiosidades que siempre pueden verse en el “Rastro”. Sobre una simple manta en el suelo, unas dentaduras usadas ofrecían un aspecto cochambroso. Un pobre desdentado, un desgraciado, se agachó y empezó a probárselas: una tras otra. Pareció que una le convenía. Sacó una moneda del bolsillo y pagó. Se marchaba ya, cuando alguien le dijo: “¿Va Vd. a poder comer con eso?” A lo que él contestó: “Sí, si consigo algo a lo que hincar el diente”
La niña que yo era en 1950: ¡Qué marranada, me muero de asco!
El vendedor: "He conseguido colocar una"
ÁNGELA

martes, 24 de marzo de 2009

AVATARES DEL DESTINO// AMOR IMPOSIBLE

AVATARES DEL DESTINO

Estas dos reflexiones están escritas en épocas diferentes; en la primera el ordenata era mi pesadilla, en la segunda no podía (no puedo) vivir sin él.

28/08/20Estas 07 Maquinita diabólica ésta. Se llama ordenador pero desordena .Se supone que almacena datos y conocimientos que uno mismo le proporciona, pero ¡No! Conmigo se porta fatal y me confunde y engaña. ¿Será porque rima con Magaña? ¿Será por malas artes de mi destino ya que nací durante un apagón y mis luces son poco luminosas?. Por añadidura su lentitud me exaspera y despierta mis más bajas pasiones, poniéndome al ciento veinte. Cuando espero que me hable en mi idioma, tan bonito y solo por fastidiar se dispara en inglés. ¿Qué he hecho yo para merecerlo? Pero, eso sí, la venganza también yo la almaceno en mi duro disco mental y aunque me hable en inglés, lo entiendo ¡No faltaría más! Y ahora: La pregunta clave. ¿Conseguiré vencerla (a la maquinita, claro) por el hecho de haber renovado mi matrícula en escritura creativa, para el año que viene? Eso espero y aprovecho para saludar a todos los que se unan a este ilusionante proyecto. Ángela Magaña

UNOS MESES MÁS TARDE: Os habla la misma que no hace tanto tiempo protestaba, se quejaba y hasta gruñía: Groh, Groh (esto son gruñidos) por culpa de mis continuas enganchadas con el ordenador ¡Efímera actitud la mía! Me avergüenza confesar que al irme de Motril y dejarte, mi corazón enamorado llorará por las noches... de amor frustrado. Oh RATÓN, dulce ratón ¿que voy a hacer yo sin tí? Viviré sin vivir en mí o ¿no será para tanto? ¡Pues no, no será para tanto! Pero echaré de menos mi clase de escritura creativa y a todos Vds. ¡Hasta pronto! ANGELA MAGAÑA

lunes, 23 de marzo de 2009

TAREA 21. DIVAGACIONES

La conquista del Oeste.

Ayer sin ir más lejos emprendí yo la mía.
Me dirigí a Jerez como los antiguos pioneros iban a tierras remotas, allende los mares, dispuestos a luchar con lo que se les pusiese por delante.
De Motril a Granada: primera etapa ¡autobús que te crió! De allí a Sevilla en tren (preferí no hacer escala en Dos Hermanas, porque creo que suele haber indios) y como tercera y última fase del viajecito: Sevilla/ Jerez. Amante era ella del camino de hierro y osó afrontar cualquier peligro. Tú, en cualquier caso, después de tratar con el hechicero que más hechizaba de los allí presentes, conseguiste conservar tu cabellera intacta. No te la arrancaron. Yo lo más que logré fue llegar con muy malos pelos.
Termino este desatino propio de mi diarrea mental actual y sin saber si he conseguido hacer la tarea 21 en la que se pretendía conseguir un protagonista errático, confuso y difuso. Como narrador protagonista: la confusa, errática, difusa e imprecisa he resultado ser yo/ tú misma o acaso ella misma. No lo se, no tengo ni idea.
Sólo se que él (no me gusta señalar) dirá: "ESTO NO ES UN CUENTO" y yo reconoceré humildemente que Caperucita Roja estaba en lo cierto cuando decía que el auténtico problema del lobo era el hambre atrasado, debido a la crisis y demás...
Vds. perdonen: no lo haré más. Ángela

viernes, 13 de marzo de 2009

TAREA 20: DEMASIADO INOCENTE

Creo que mi madre lo estaba viendo venir pero, a mis 11 años, no me había puesto todavía en antecedentes. Demasiado pronto, pensaba. Eran otros tiempos.
Me llegó el momento y al descubrirlo, horrorizada, creí que mi final había llegado.
Me preguntaba: "¿Qué me pasa?" y la respuesta era:"Debo estar muy enferma" No sólo era temor, la vergüenza era casi igual de intensa.
Muy cerca, en el cuarto de estar, mi hermano cuyas bromitas me perseguían, estaba con mi madre. ¿Cómo iba yo a decir delante de él lo que me pasaba?
Por fin me decidí y salí. Lloraba y llevaba la ropa colgando: "¡Mamá!"
Pero nadie me tomó el pelo aquella vez.
Mi madre me calmó y me explicó. Mi hermano mayor se limitó a revolverme el pelo cariñosamente.

TAREA 20: UNA MIRADA DE TUS OJOS

UNA MIRADA DE TUS OJOS.
Yo era todavía una niña, pero quizá… empezaba a dejar de serlo. La rutina de ir, cada día al colegio, en el autobús se convertía en una oleada de emociones inusitada. ¿Qué estaba yo descubriendo? Descubría, y… lo percibo ahora que el tiempo ha pasado, el despertar de mi sexualidad.
Coincidíamos a diario y todo consistía en devolver y mantener la mirada de unos ojos morenos y grandes, los de un desconocido muchacho que sólo debía ser un par de años mayor que yo ¡Qué intensidad de sensaciones despertaba en mi cuerpecito serrano ese pequeño intercambio amoroso! ¿Quién lo hubiese imaginado? Era algo que me hacía flotar y me hacía pensar que yo, no era yo. Nunca he olvidado aquellos ojos negros de mirada serena (como en la canción) y me pregunto si no fue aquel, sin yo saberlo, mi primer y desconocido amor.

sábado, 7 de marzo de 2009

TAREA 19.

Tarea 19

Inundación
La abuela Ángela, enferma, se limitaba a pasear lentamente por la primera planta de la casa familiar apoyándose en los muebles, solía llevar un rosario entre los dedos pero, aún impedida como estaba, seguía siendo el alma de la familia y llevando las riendas de todo.
Era verano y los nietos que estaban allí irían al cine a las seis de la tarde.
El pueblo rodeado de montañas era el receptáculo de todas las aguas de lluvia que caían a borbotones cuando se desataba alguna tormenta. El pueblo y el río que lo atravesaba.
A las cuatro a través de los cristales de la galería que daba a la vega vio el cielo oscurecerse cubierto de negrísimas y apretadas nubes.
Movió los labios y entre sus dedos deslizó una cuenta más de su rosario.
Los mayores ponían en las puertas de las casas “paraeras” de madera bien ajustadas para impedir la entrada del agua.
Los niños ajenos al peligro, esperaban la hora del cine como un gran acontecimiento. No había llegado todavía el momento.
La anciana señora observaba el ajetreo del pueblo a través de los cristales.
Llamó a los chiquillos y los reunió a su alrededor para entretenerlos.
El cielo se abrió de repente y el pueblo se vio sumergido en un torbellino de aguas que caía y en las del río que subían llevándolo por delante.
Desde la galería, otra vez, vieron cómo se derrumbaba la pared de una casita más cercana al río. Toda la fachada cayó y quedó dentro una especie de casa que de lejos parecía de muñecas con sus camas y sus muebles a la vista.
La peor parte se la llevó el local del cine, que se convirtió en un amasijo de barro y sillas, las del público, amontonadas ante la puerta única de la salida. La marca del agua estaba a casi tres metros de altura. Eran las 5,30 horas de la tarde.
Cuando al día siguiente supieron los detalles, la abuela Ángela apretó con más fuerza el rosario entre sus dedos.

miércoles, 4 de marzo de 2009

TAREA 18. ALGO MUY TRISTE

El 4 de marzo de 2009 18:00, angela-zucar escribió y corrigió:

TAREA 18. NARRADOR OMNISCIENTE. (corregido)
Murió el 16 de junio de 1964, habían pasado sólo unas horas.
Podía ver a su familia que, sumida en una gran congoja, velaba su féretro y esperaba a la hija. Era la más joven, estaba embarazada y debido a ello y a la rapidez vertiginosa de la enfermedad del padre y del desenlace (evidente sólo para él), nadie le había dicho nada; no se habían atrevido. Esperaban ahora su llegada.
El portal tenía un batiente cerrado, todos sabían lo que significaba. La mesita cubierta con un crespón negro y con el cuaderno de condolencias abierto, estaba preparada.
Salió la joven del coche y al ver el panorama se vino abajo.
¡No era verdad que estuviese sólo enfermo… !
Al entrar en la habitación donde él yacía, ignorante hasta entonces de la cruda verdad de la muerte, intentó cogerle la mano para besarla; no pudo: estaba rígida y fría.
Él la vio y pudo sentir por última vez el calor de su hija, su amor y también su dolor.
Pero él ya no sufría.

viernes, 20 de febrero de 2009

TAREA 18

TAREA 18. NARRADOR OMNISCIENTE.

El portal sólo estaba abierto en su mitad. Una vez dentro la mesita con un libro de condolencias abierto con un bolígrafo encima, esperaba la firma de los que iban llegando.
Él, que ahora podía verlo todo, percibió cómo salían del coche, derrotados por el largo viaje y la preocupación. El embarazo de ella era evidente ahora. Subió a la casa, los demás salieron a recibirlos entre doloridos abrazos.
Ella nunca, nunca, nunca… había tenido contacto con la muerte y menos aún la de alguien tan cercano. Nadie la había puesto en antecedentes. No se habían atrevido por su estado. Sin ser consciente apenas de lo que hacía, entró en el cuarto donde él yacía en el féretro abierto. Ella que le creía enfermo…
Acostumbrada a sus manos calientes y queridas se acercó para cogerle una y llevársela a los labios, pero estaba fría, fría y rígida…”Papá” dijo en un lamento y empezó a comprender. La realidad se impuso, terrible.
Pero no todo cayó en el vacío… Le llegó, a él, el beso y el dolor de la hija.

martes, 17 de febrero de 2009

NOSTALGIA.

17/02/2009
Quiero poder escapar deste Motril puñetero
Quererte, sí que te quiero
Más ¿dónde está el ferrocarril?
¿Dónde un aeropuerto austero?
Hijos míos que vagáis por un mundo traicionero
Lejos estáis de MAMÁ
Y también del padre bueno.
Lo de ser madre no es coña
Os echo de menos. ¡Me muero!

domingo, 15 de febrero de 2009

POR MALO/CUENTO BREVE

Estaba muy incómoda dentro de la barriga del lobo, ácida y maloliente. Se le clavaba en la espalda el codo de la abuelita y la capucha roja era un agobio.
No esperó a que llegase el leñador, abrió como pudo su navaja multiusos.

EL DÍA EN QUE...Tarea 16.

EL DÍA EN QUE LOS RELOJES SE PARARON ... le sirvió a ella de referencia. Presurosa, procuraba no perder ni un solo momento, todos le eran necesarios para poner en marcha su nuevo proyecto. Iba de un pueblo a otro buscando artículos interesantes y a buen precio para su tiendita. En una gran superficie hizo, de paso, la compra y soltó todo de cualquier manera en la parte de atrás del coche. Ya en carretera y en plena curva sintió agarrotado el pedal de freno, una botella de agua había rodado hasta ponerse debajo. Se agachó a quitarla y al alzar la vista vio que se estampaba contra una pared de roca. Volantazo y... se fue monte abajo por un gran terraplén. Volcó el coche y ella quedó atrapada bajo el vehículo, su pie dolía oculto o... ¡seccionado! bajo la puerta abierta; había oido decir que las extremidades amputadas seguían enviando al cerebro las sensaciones de dolor. Percibió al instante un fuerte olor a gasolina y pudo, no sabía muy bien cómo, desconectar el motor. Notó algo viscoso en su frente y pensó: "¡Mis sesos están fuera!" No es posible: "¡Pienso... estoy pensando!"
Un campesino se acercó y se llevó las manos a la cabeza. Ella volvió a notar por su cabeza lo mismo que antes. Esta vez se dijo: "¡Estoy muerta, mi cabeza está abierta!" Al fin llegó la ayuda en forma de camioneros forzudos. Desde lo alto habían visto el accidente. Levantaron el coche y la llevaron con todo cuidado hasta uno de los camiones y luego al hospital más próximo.
Los sesos resultaron ser la carne picada que acababa de comprar y el susto morrocotudo se quedó en una anécdota que podría contar el día de mañana a sus nietos.
Los relojes anduvieron de nuevo para ella.

domingo, 8 de febrero de 2009

VOLANDO EN ROJO. TAREA 17 CUENTO BREVE

Eran mis películas preferidas. Aquel beso me alucinaba. Por eso elegí aquel misterioso castillo para el fin de semana y dejé la ventana abierta de par en par a la noche y a la luz de la luna. Por eso ante el batir de las inmensas alas me escabullí del abrazo de mi pareja dormida y ofrecí mi cuello desnudo ... con deleite.
ÁNGELA.

domingo, 25 de enero de 2009

ABUELA DE CRISTAL/ CUENTO 4 IMÁGENES

Tenía 7 años y se llamaba Alejandro.
Como un loco revolvía todos los rincones de su casa en busca de una caja… y es que tenía un problema. Su abuela jugaba mucho con él. Era muy divertida, pero aunque parezca extraño: no era como las demás abuelas de carne y hueso. Esta era DE CRISTAL. Muchas veces, en lo más emocionante de un juego, tropezaba o simplemente se caía y se rompía en pedazos.
Se le había roto la nariz, un brazo y luego el otro, una cosa que se llamaba pelvis… Los dedos de los pies sonaban como campanitas CLIC, CLAN, y… uno menos. El pobre Alejandro, preocupadísimo, buscaba soluciones. Una caja… quizás… para guardar los trocitos. No estaba convencido.
Se paró a reflexionar, observaba los trastos del desván y de repente se fijó en una escoba... ¡Su héroe! HARRY POTTER. Se acordó inmediatamente de él y de su magia y se puso a caballito sobre el mágico artefacto a ver que pasaba. NO SE ELEVABA, no levantó el vuelo, pero en su cabeza y como por hechizo empezaron a surgir en imágenes algunas ideas para ayudar a la pobre abuela.
A— Se le ocurrió protegerla con un gorro para los chichones y un cuerpo de cañas, un armazón. Le daría un reloj, para que SIEMPRE pensase en la hora del juego, esto era importantísimo.
B— Quizás mejor… con un cuerpo de paloma. En lugar de caer, volaría y no se haría daño...
C— Puede que se escapara y él no quería perderla ¿Y… un armazón grande en forma de castillo?
D— LO TENÍA: Se montaría sobre sus hombros y se irían juntos por los aires a recorrer mundo y sería tan divertido como siempre con ella. Escaparían.
ÁNGELA MAGAÑA

martes, 30 de diciembre de 2008

Cuento !00 palabras. CONCURSO

Al menos para las mujeres tiene mejor gusto…pensó y lo contempló con fruición ¿Qué tenía aquel hombre? Mimetismo verbal hecho realidad. Su nombre: CRISPÍN LÍPIDO Y SULFUROSO. La “y” la añadió, él mismo, cuando hizo las tarjetas de invitación. Los horribles cuadros colgaban de las paredes y un ramillete de jóvenes los contemplaba con cara de entender algo: o ¿Sólo se preguntaban si estaban colgados del revés?
Lo vio ir al salón con la más esplendorosa. Pensó: “van al sofá de cabeza”, no se inmutó. Ella: DULCE PLÁCIDA BENIGNA, era la elegida. Juntos eran pasión enloquecida, puro fuego…éxtasis.
ÁNGELA MAGAÑA.

viernes, 26 de diciembre de 2008

TIEMPO DE PAZ

El año pasado la Navidad nos dejó agotados y tristes. Nos dimos cuenta de que la mentalidad que nos llevaba a reunirnos por narices, aunque fuera forzando las cosas, era errónea. Yendo mentalmente más lejos, a años atrás, observé que el mero hecho de : “Volver a casa por Navidad” impuesto, servía para que los nerviecillos estuvieran a flor de piel y a que nadie estuviera verdaderamente cómodo.
Este año tomamos una decisión heróica y sin enfadarnos dijimos que nos quedábamos en Motril y en casa y que él que quisiese y pudiese acudir sería bien recibido. Mi hermana por ejemplo confesó que estaba cansada y quería estar sola. Yo me recriminé la tontería de no haberlo notado y me dije: “Soy tonta, por ahí debíamos haber empezado”
Analizando, atando cabos y repasando comentarios de unos y otros llego a la conclusión de que no sólo mi hermana sino más gente desea eso: Estar solos y que no sean días de felicidad compulsiva y forzosa: Hágase la Paz: Eso es lo que prima. Más de una horrorizada ama de casa, ve impotente lo que se le viene encima. Los demás también: Se ven obligados a hacer viajes largos y costosos que en el fondo son eso: UNA PENOSA OBLIGACIÓN.
Yo tuve un padre que siempre insistía en que no nos dejásemos llevar y en que decidiésemos por nosotros mismos, en cada ocasión. He tenido que llegar a los 65 diciembres para constatar que no es obligatorio armar la marimorena. Este año me he sentido mucho más en amor y concordia con los demás, estando lejos pero muy en contacto por teléfono o Internet (con esas hermosas cámaras que permiten que nos veamos los unos a los otros) que otros años juntos y revueltos. Creo que cuando las reuniones podamos hacerlas en MI casa y con los que, de verdad, deseen venir todo irá mejor. Eso de ser la madre conlleva algo más de paciencia y desde luego buena voluntad. Así es que él que QUIERA DE VERDAD venir el año que viene será bienvenido, siempre SIN FORZAR LAS COSAS.
Este año hubiese sido literalmente imposible, por la distribución geográfica de unos y otros. Hemos estado solos y ante el comentario un par de cansadas amigas me han dicho: “¡Qué envidia!”
Cada año viene distinto y punto y éste ha tocado solos mi marido y yo en un “tête à tête” muy cordial, hasta ahora desconocido en estas fechas. Hemos estado tranquilitos… un poco demasiado pero: ¿Qué se le va a hacer? El balance final ha sido bueno.
Con los amigos también hemos pasado buenos momentos. Hemos descubierto nuevos valores y nos ha gustado.
¡QUE SEAN VDS. FELICES SIEMPRE: NAVIDAD Y CADA DÍA DEL AÑO!

sábado, 6 de diciembre de 2008

TAREA 10: ESPACIOS

MORADA DE MIS INQUIETUDES
En un sueño de mi infancia, que se repetía con frecuencia, me veía a mí misma cruzando espacios de la casa de mis padres (la mía en aquel tiempo).
Tendría yo: diez o doce años y supongo que estaría aprendiendo a nadar. Avanzaba dando brazadas por el aire, flotando con lentitud.
A la vez que se iniciaba mi pubertad, mi diabetes acababa de hacer su aparición, con los trastornos y preocupaciones que eso conllevaba. Mis padres debían estar, aunque no lo decían, muy asustados y yo empecé a dormir mal y a tener sueños que me alteraban.
Mi existencia onírica se sumía en una especie de morada extraña. Las paredes no eran lisas, grandes picos surgían en el lugar más inesperado y yo para no trastabillar de un sitio a otro nadaba, en lugar de andar. Así sorteaba mejor los obstáculos de mi vivir de aquel entonces, pleno de inquietudes, cambios e inseguridades.

viernes, 5 de diciembre de 2008

INMORTALIDAD

INMORTALIDAD

La gente buena se muere, todos lo hemos podido observar en nuestra vida cotidiana.
Siempre el más querido es el primero en caer. En mi familia, el adorado por todos, mi padre, murió el primero.
Siempre pasa. Son los buenos los que se van. Por el contrario, todos también, conocemos gentes solitarias que no gozan de afecto ninguno y gozan del codiciado don de la inmortalidad… o lo parece.
Esos seres que son tan desgraciados que uno piensa: ¿los echará alguien de menos el día de mañana?
No sabemos de amores y desamores, ni de valores tampoco. Quizás sea, simplemente, que nuestro Dios, destino, sino…o cómo se llame, vaya mucho más lejos que nuestros miserables pensamientos.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Tarea 8: REPROCHE AMOROSO

Que es soledad, pienso mientras clavas en la pantalla
tu mirada azul. Nadie escucha mi voz
Mutismo...del deporte enamorado.
¡Asiduidad, fijación! Eso es fidelidad, admiración, amor
Ociosa la pregunta. Soledad...soy yo

jueves, 24 de julio de 2008

EL ZOO DE ALEJANDRO

Otro cuento para Alejandro
Once upon a time, there was a wonderful zoo. Somewhere in England

Había una vez un zoo enorme, lleno de árboles, flores y riachuelos. Los animales eran felices allí, porque era tan enorme que creían que estaban en libertad.
Había muchos cachorros de todas las especies. A los niños, que como sabéis son cachorros humanos, los llevaban allí de visita, desde los campamentos donde pasaban el verano y ellos también estaban felices, viéndolo todo.
Había dos elefantitos amigos, jovencitos y muy graciosos. Se fijaban en lo que disfrutaban tantos niños juntos y se les ocurrió la idea de que ellos también querían ir a un campamento para jugar mejor. Empezaron a dar la lata a los papás elefantes, igualito que hacéis los niños con vuestros padres:”¡Queremos ir a un campamento! ¡Queremos ir a un campamento!...y se ponían pesadísimos. ¡Pobres padres! No podían más.
En lugar de jugar y retozar los cachorros empezaron a ponerse tristones. Un día llegó un grupo con un monitor que, a fuerza de tratar con niños, sólo con mirarles a los ojitos, adivinaba lo que necesitaban. Se fijó en los pobres elefantitos y se fue a hablar con el vigilante del zoo. Hablaron, pensaron…y de repente el monitor dijo: “Ya lo tengo” y probaron a dejarles salir a jugar con los niños a ver que pasaba.
¡QUÉ CAMBIAZO! Contentísimos jugaron todos juntos: al escondite, a pilla pilla, A buenos y malos y sobre todo a ser cow boys, montados sobre los lomos de sus nuevos amiguitos.
Los niños se tuvieron que volver al campamento, pero ya no hubo en el zoo más penas. Al día siguiente organizaron, allí mismo otro camping site. En él se reunían los dos elefantitos, tres hipopótamos que siempre tenían la boca abierta y servían para jugar a dentistas, un rinoceronte tan recién nacido que el cuerno parecía un cacahuete, siete bebés ciervos, once jirafas que ganaban siempre cuando había que correr, un tigre, un león y un oso suavecitos que parecían peluches y avestruces tan jóvenes que eran casi huevos todavía y ¡UNA MOSCA! que de apellido se llamaba GAO y cuando se acercaba decían todos:
“LA MOSCA GAO” y se morían de risa. Lo mejor era que los niños iban todos los días a jugar con todos ellos y se lo pasaba “pipa”…Y COLORÍN COLORADO….

THIS ZOO BECAME THE BEST ONE IN THE WORLD AND EVERYBODY WANTED TO GO AND VISIT IT.

miércoles, 23 de julio de 2008

RATÓN PEREZ

Mi nieto de seis años está en un campamento. Es el más pequeño. Le dijo a su madre el otro dia que llevaba tres noches poniendo un diente que se le ha caido, debajo de la almohada y...nada. Me conmueve todo lo que sea inocencia en este mundo de Radovanes Karachi.
Mi respuesta en dos cartas, va con un poco de inglés, porque en el campamento lo usan y nos han pedido, que si podemos, escribamos algo en ese idioma. Vds. perdonen.
Os lo pongo en el blog, por si quereis leerlo.
Lo único bueno de estar "rota" es que me paso el día leyendo y escribiendo. He leído cuatro libros a cual mejor. Uno "El guardian de la flor de loto". Leedlo si podeis. Un abrazo
ANGELA

Hola Alejandro. Somos los abuelos.
ME PARECE QUE EL POBRE RATÓN PÉREZ, LLEVA BUSCÁNDOTE: 2 , o, 3 días
Hoy por la mañana estaba preparando tu camita, en esta casa, para cuando vuelvas y al levantar la almohada, para poner sábanas limpias: ¡ME HE ENCONTRADO UN BILLETE DE 5 EUROS!
¿NO SE TE HABRÁ CAÍDO ALGÚN DIENTE MÁS?. Supongo que el RATÓN PÉREZ debe estar despistadísimo buscándote por todas partes.
Se que lo estás pasando muy bien y yo estoy contentísima por ti.
WHEN YOU ARE BACK. YOU ´ll tell ME EVERYTHING about your holliday. I HOPE SO.
Enjoy your self. I kiss you good by. We love you
ABUELOS ÁNGELA Y ÁNGEL. Besos, besos, 10000000 de besos.
En la playa lo vamos a pasar muy bien. Vamos a ir TODOS juntos

Miércoles, 23 de julio de 2008
Once upon a time there was a little Mouse, called PÉREZ, he was very concern about children, because they, all, had disappeared.


Érase una vez un Ratón Pérez, completamente desesperado. Era verano y todos los niños ¡Habían desaparecido!
Los buscaba por todas partes y nada. Al lado suyo el saco de regalos para los niños, estaba tan lleno que iba a reventar. Se puso a dar paseítos, con las manos detrás de la espalda preocupadísimo y pensaba ¿Qué puedo hacer?
Andando, andando oyó una música que salía de una casita pequeña y bonita. Entró y allí encontró una ratita chulísima. Llevaba unos vaqueros con un agujero para sacar el rabito y la verdad es que ¡ESTABA GUAPÍSIMA! Empezaron a bailar, cheeck to cheeck y le contó lo asustado que estaba de ver que no había niños.
Ella era más pillina y le dijo: Hombre!! Es verano, están en los campamentos. Los dos mano a mano, se pusieron manos a la obra y en una noche pusieron los regalos, a todos los niños que habían perdido un diente. A veces más de un regalo. Iban primero a la casa del niño, dejaban uno, lo buscaban en casa de la abuela… dejaban otro. Cuando podían iban incluso a las tiendas de campaña, donde dormían. En fin todo se arreglo.
Se me olvidaba. La ratita era nada menos que ¡LA RATITA PRESUMIDA. Además de ser guapa, estaba cómo un queso!! Así es que ¡claro! tenía a todos los ratones loquitos. Ya sabeis que se pirran por el queso y el Ratón Pérez no iba a ser menos. ¡CLARO!
Adiós Ratón Besos de los abuelos. Te queremos una hartá. ANGELA

jueves, 10 de julio de 2008

ELPAPA/MOVIL Y YO

Me pasean por la calle, en mi silla de ruedas. Sospecho que pretenden acabar conmigo (Mi marido y mi hija). No hay bache que eludan. Me llevan “acongojada/acojonada”¡Unas risas!
Procuro recordar que mi padre, me educó en el:” no te fíes ni de tu padre”. No hay que pasarse, o eso espero.
En Jerez, donde estoy, después de mi caída y rotura de pelvis y alma, hay una sabia y civilizada costumbre. ¡Respetan los pasos de cebra! Se quedan parados, clavados. No vengo de Motril, acostumbrada a semejante delicadeza. El agradecimiento inunda mi espíritu, cada vez. Me sorprendo a mí misma en plan Papa. Saludo con la mano extendida a derecha e izquierda, derretida por la emoción ¡Me dejan pasar. No me arrollan!
Ridículo absoluto, total. Pero sobrevivo. Veo la luz. Me pondré bien en breve. ¡¡ESPERO!!
P.D. Me lo perdono, estoy acostumbrada a la salud y estoy blandita. Lo reconozco.
ANGELA MAGAÑA

viernes, 27 de junio de 2008

LA FLOR DE LA CANELA

Por la calle caminaba yo: airosa, salerosa. Igualito que la flor aludida. La calle era la de Jerez e iba con mi marido. Tropecé y me la pegué. Rompime la pelvis y hasta el alma. Y mi sonrosada piel pasó a ser de los más variados colores. Tengo cardenales hasta en el velo del paladar. La carita se ha salvado y tal como estaba se ha quedado. Refleja un poco la mala uva, porque a parte de que duele, tengo que hacer reposo un montón de días y eso me duele más todavía.
Todo transcurrió en un segundo, durante el cual y mientras llegaba al suelo, me dio tiempo de pensar que me mataba. A mi lado, mi marido lo pensó igualmente y se asustó de muerte, a su vez. A lo mejor, hasta he tenido suerte. ¡Qué potra! (dirían en los madriles). Hecho de menos nuestro taller. Un abrazo a todos. A vosotros también os echo de menos.
A VER SI A ESTA, TÚ LE DAS CONTESTACIÓN ¡EUFEMIA!

P.D. Maruja al leerlo ha pensado que es broma. ¡No! Es auténtico. Me he caido. Patosa soy, lo siento y el Ayuntamiento de Jerez, un desastre en el mantenimiento de sus aceras.

martes, 10 de junio de 2008

"PURIBELLOS"

En cierta ocasión escribí una cosita sobre los diferentes tipos de gentes, que somos o estamos, en este mundo traidor. Se llamaba LOS ACONSEJADORES y como está en este Blog, si quieren Vds. mirarlo, pues, nada más fácil.
Hoy me refiero a lo que podríamos llamar: "PURIBELLOS".
Correctos hasta la médula, no suelen decir una palabra más alta que otra y escribir, no se si escriben, pero, se comportan y hablan sin faltas de ortografía. Muy correctitos y legales, sin sacar nunca los pies del plato.
Conocía, yo, a una señora de este tipo que quería conseguir que alguien le grabase una determinada música. Se dirigió a un subordinado de su marido y de sopetón le dijo: "Oye. ¿Te funciona el aparato reproductor?"
Otro día, alguien le pidió la llave del cuarto de ascensores. Cuando subió a devolvérsela y dándole el llavero le preguntó. "¿Me la metes, aquí mismo?"

"NOPAZANÁ" No tiene la menor importancia, pero al ponerse , roja como el trigo verde, ya el lío estaba armado.

lunes, 2 de junio de 2008

PRUEBAS DE AMOR

02/06/2008
Andaba yo enfadadilla, por eso de lo puñetera que es la convivencia.
Tengo que reconocer, que ante las numerosas pruebas de amor que estoy recibiendo, estoy volviendo a mi natural estado de bonanza sentimental.
Se preguntarán Vds. cuales son esas pruebas. Pueden pensar: ¿Un ramo de flores? Sepan que no, no han sido flores. ¿Una joyita? Pues tampoco y casi me alegro, porque una joya, a lo tonto (a parte de que mis gustos, no van por ahí), pueden producir un cierto mosqueo. En novelas y cine las joyas suelen ir asociadas a una puesta de cuernos, que a no ser que la que recibe la joya en cuestión, ande mal de calcio, brotan en su frente inexorablemente. Podría ser una caja de bombones, pero en mi caso (diabética perdida que soy) podría ir asociada a un deseo irrefrenable de acabar con mi vida. No se asusten, tampoco ha sido, una caja de bombones.
El maravilloso regalo consiste en que mi hombre, que por la edad que tiene no ha sido criado en las lides del ama de casa, últimamente me sorprende. Cuando llego a casa, de vuelta de mi deporte mañanero, que para mí es prioritario, me pregunto qué ha pasado. Me encuentro cocina recogida, cama hecha y tras confirmar que no ha venido ningún hada con su varita mágica, deduzco que: ¡HA SIDO ÉL!
Olvido pues mi mal humor y me prometo a mí misma: no volver a ser gruñona. Que ¡viva la paz! ÁNGELA MAGAÑA

sábado, 31 de mayo de 2008

PRIMERA NOCHE DE FARRA

Las tres de la madrugada. Volvíamos a casa excitadas y muertas de miedo. El baile había sido, divertidísimo y el primero para nosotras. Ahora, teníamos que pasar desapercibidas. No teníamos permiso para llegar tan tarde. Ahora pienso, que tampoco se hubiesen enfadado mucho, pero en aquel momento la trasgresión, nos parecía tremenda.
A oscuras, con los zapatos en la mano, subíamos nerviosas y aguantándonos las risitas que la situación nos provocaba. Ya habíamos llegado al primer piso. Faltaban dos más. La casa era grande y tanto mis abuelos, como mis tíos podían despertarse en cualquier momento.
Caserón de pueblo con gallinas abajo, en el corral. La limpieza no era extremada. Noté que algo raro iniciaba, por mi pierna, el camino hacia arriba. Bajé la mirada y allí, al borde de mi calcetín, ya sobre mi piel, la vi. Negra y repugnante: ¡UNA CUCARACHA! Perdí los nervios y mi silencio dio paso a risas mezcladas con lágrimas histéricas. Algo húmedo, se me escapó y a la vez perdí la sensación de ser “mayor”. Volví a ser la niña asustada que se había hecho pis, del susto tremendo

VISTAS A LA MONTAÑA

Jueves, 29 de mayo de 2008
VISTAS A LA MONTAÑA
Agitada era mi vida en aquel tiempo. Tres niños muy pequeños: ocho, siete y tres años y ninguna ayuda de ningún color. Mi casa en el centro de Motril, tenía a pesar de todo, una vista muy bonita a la montaña.
Yo estaba “sentada en el trono”, Con la puerta entornada para no perder a los niños de vista, contemplaba el panorama muy relajadita y además andaba en una tarea ciertamente escatológica aunque no menos importante, por eso.
Llamaron a la puerta y el pequeño de los tres acudió solícito a abrir.
Como una exhalación entró después en el cuarto de baño, dejándolo abierto de par en par y me dijo: “Mamá, el de las cortinas”.
Me encontré con que desde el pasillo, el buen señor, me miraba atónito
Muchos años han pasado, pero supongo que me diría: “Señora, no se levante” o algo parecido.
Dos cosas tengo claras:
Primera: No maté a mí niño (soy una santa)
Segunda. Aquel hombre, desde entonces cada vez que me veía me obsequiaba con la mejor de sus sonrisas.
Cualquier forma de hacer amigos es buena. ¿No les parece? ANGELA MAGAÑA

jueves, 29 de mayo de 2008

PAREJA IDEAL

Difícil es encontrar a nadie que te confiese lo difícil que le resulta la convivencia con su pareja cuando esta es, digamos: “buena gente”. Cuando el partenaire en cuestión es malo, violento, bebedor, jugador, mujeriego o similares no hay problema. El interfecto es mandado a freír espárragos y punto. Si es encantador, en cambio ¡Qué Dios nos coja confesados!
Los viudos, viudas lloran amargamente sus soledades. Sin embargo, se puede observar, en algunos, un halo inconsciente de relajación, como de aquel que, tras muchos años de adaptación sumisa, se encuentra de repente LIBRE, con capacidad de elegir y decidir, aunque se trate simplemente de cosas fútiles.
Se agrava el problema en el momento crucial de la jubilación. La convivencia deja de ser a tiempo parcial y pasa a ser como se dice en los trabajos: “full time”. El carácter con la edad, tampoco mejora. Las manías se agudizan, el mal carácter se hace patente y puede aparecer una falta de aceptación de la edad y de los muchos achaques que traen consigo un deterioro de la situación. La vida en pareja puede entonces hacerse insufrible.
Son momentos… luego viene la pregunta ¿De qué me quejo? Y la constatación de que es bueno envejecer juntos, compartir tantas cosas, tener con quien hablar… ¿tengo con quien hablar?
Otra pregunta es ¿Soy yo o los demás también tienen momentos negros? La sinceridad, me temo, brilla por su ausencia.
Importante dejar de lado la cuestión del control. De jóvenes se acepta bien. Con los años otra de mis preguntas es ¿Tengo yo edad de que me sigan controlando? En cualquier caso este control es hecho de forma inconsciente y es producto de la costumbre después de miles de años. Así es que no merece la pena ser cuestionada. CONTROLAR ¿yo? Será la respuesta.
No olvidemos tampoco nuestra moral judeo/ cristiana que está ahí y todo lo domina.
¿Como vas a dejar sólo a ese ser encantador que te ha dedicado su vida y que tiene (¡HORROR!) todos los derechos sobre ti y encima tiene ya, un cierto grado de indefensión.
Situaciones de este tipo, irreversibles las hay a montones y no mejoran, creo yo, con el paso del tiempo.
De jovencita leí yo en el reverso de una hoja de calendario:
Sueñas con la evasión pero ¡CUIDADO! En este mundo no hay más evasión que la que viene de arriba.
Yo lo interpreté como un escape hacia la espiritualidad (cultura, lectura arte. Mil cosas bonitas) ¡Y perdonen Vds. que mi reflexión de hoy, sea tan gafe! Luego se me pasa. ÁNGELA

viernes, 23 de mayo de 2008

IN ILLO TEMPORE

Era mi colegio, atípico para los años que corrían y para ser monjas, como eran, las que lo dirigían y muchas de las profesoras. Para empezar, insistían hasta la saciedad en que lo verdaderamente importante era que que aprendiésemos. Lo relativo a modales y similares, me atrevería yo a decir que les importaba más bien poco. Incluso me parecía observar que la excusa de haber ido a misa o similares, las irritaba soberanamente. Lo único que allí contaba era que estudiásemos como estaba mandado. Era un colegio francés, las enseñanzas se impartían en ese idioma y se suponía que todo el mundo tenía que hablar, siempre, en francés. Recuerdo un día en que una monja irrumpió súbitamente en una de las aulas y pilló a una de mis compañeras saltando a pata coja, de mesa e mesa, cantando a la vez. "Yo soy el pirata de pata de palo, de ojo de vidrio y de cara de malo" Al ver a la profesora en cuestión, la niña no dejó ni de saltar, ni de cantar; siguió igual pero cantando en francés. Como reacción, creo que es indicativa.
Otra de las profes (no era monja) estaba absolutamente enamorada del Fénix de los Ingenios "Lope de Vega" y nos hablaba de él con entusiasmo, como si de alguien suyo se tratara. Dada mi particular y extremista forma de ser, una de la cosas que me llegaba era cuando decía (Lope) en boca de un D. Juan, suyo: "Yo he nacido en dos extremos, que son amar y aborrecer; no he tenido medio jamás". Sabido es que andaba en liza contra Góngora y siempre del lado de su buen amigo Quevedo. Pienso yo, sin embargo, que más debió amar que aborrecer, ya que tuvo varias mujeres, (la última ya, tarde en su vida, después incluso de haberse hecho sacerdote) y algo así como cincuenta y tantos hijos. Deduzco, de este pequeño detalle, que debió pasar más tiempo amando que aborreciendo. En fin...
P.D. Digna de admiración la forma de trabajar de ese monstruo, que era Lope. Tan prolijo en la escritura, como lo fue Mozart en sus composiciones musicales. En nuestro taller de escritura tanto el profesor, como nuestra ganadora Maite nos aconsejan escribir así, cada día y sin pereza. No estaría de más, pues, que lo tomasemos como ejemplo. ANGELA MAGAÑA

jueves, 22 de mayo de 2008

DE ALGO QUE LEÍ

GRECIA. Una aldea diminuta.

Había una vez en pleno monte, en una aldea griega, una vieja mujeruca que nunca había salido de allí. Cuatro gallinas, un par de cabras, mucho sol y unas cuantas casuchas situadas en lo más alto.La pobre mujer, tuvo en tiempos un marido que murió joven y también un hijo, que un buen día, siendo aún un muchacho, se fue de allí. El hijo, como a veces ocurre con la gente de montaña y clima duro, tenía una habilidad especial para medrar en la vida. Aprendió, progresó y se arrimó como se suele decir a árboles que calentaban bien, de tal forma que, aunque parezca imposible, llegó a ser un gran armador, de los dos o tres más potentes de Grecia. Por supuesto que olvidó a su madre de la que se avergonzaba; claro está. Pero la PRENSA, con mayúsculas, es poderosa y busca noticias despampanantes y cuando nuestro armador estaba en la cumbre de la fama, se descubrió su humilde procedencia. Hurgaron un poco más en su vida y descubrieron a la madre (que no quería vivir de otra manera), compartiendo su existencia con las gallinas y las cabras. Obligado el potentado a "portarse bien", cara al público. Obligó a la mujer a ir a vivir con él y la instaló en la habitación de un hotel de Nueva York, vigilada, por supuesto. Él estaba en aquella ciudad por el momento, así es que le pareció que era la mejor solución. Desesperada, un día consiguió escapar y andando, andando, llegó a las puertas del zoo, cuando ya la tarde comenzaba a caer. Cayó, pues la noche y ella acurrucada en un rincón se dispuso a quedarse allí, ya que nadie se había fijado en ella. Anduvo un poco tanteando las paredes y se sintió atraida por un olor que le recordó su corral. Al tacto notó que había una puerta abierta y después de entrar se acurrucó en la paja del suelo y se durmió, tan a gusto como si hubiese estado en su casa. El horror vino por la mañana, cuando la policía la descubrió en el suelo despedazada por los buitres en cuya jaula se había dormido.

domingo, 18 de mayo de 2008

ESAS ESES

Sus ojos oscuros de mirar sedoso, resaltaban fulgurantes en su carita morena. Oscurito era el bebé y su piel suave en su resplandeciente semblante. Los visitantes se aproximaban a su cuna y su simpatía se hacía patente. Solo como estaba, en aquel hospital y tan chiquitín como era, escasos eran los que pasaban de largo.
Domingo de Pascua… alguien le dio un huevo de chocolate. Su sonrisa se amplió y su manita estrechó el regalo amorosamente. Sus visitantes se fueron, dejando al niño solo, con su pijama amarillo y el huevo de Pascua en la mano. Muy morenito de piel y de ojos negros, pijama amarillo.
Pasaron unos instantes y el panorama cambió. El pijama y el bebé eran, ahora, del mismo color: marrones. El huevo había desaparecido y la sonrisa del niño era, si cabe, todavía más contagiosa. Los ojos los mismos, grandes blancos con fondo negro suave.

sábado, 17 de mayo de 2008

UN VIAJE POR EL MAR DEL NORTE

Un viaje por el Mar del Norte

Marta Salas viajaba acompañada por su marido. Se habían pagado un maravilloso crucero. Estaban en el momento ese, en que las parejas empiezan a recuperar su libertad con respecto a los hijos y la aprovechaban. Se sentían bien cuando estaban juntos, pero se empezaban a hacer patentes las diferentes expectativas de ambos.
Viajaban bordeando las costas de Noruega y sus fiordos y era algo, pensaba ella, de una belleza inimaginable. Paseaba por el barco, procurando no perder de vista el mar y el paisaje, cuando llamó su atención un señor que estaba solo, un anciano. Un anciano pulcro, de pelo blanco y con aspecto frágil y agradable. Tenía algo, la sonrisa quizá y el aspecto bondadoso que le hacían sumamente atractivo. Marta sin pensarlo dos veces se dirigió hacia él y se sentó a su lado. Llevaba ella en la mano un libro “La Fiesta del Fauno” de Vargas Llosa, así es que no hablaron para nada de ellos mismos, la conversación versó sobre la lectura, fluyendo luego fácilmente hacia otros temas de tipo cultural. ¡Cuantas aficiones comunes tenían! Quedó ella subyugada y él no lo sabemos…todavía.
Fueron pasando los días con muy pocos encuentros, saludos fugaces y algún que otro “Qué guapa estás esta noche” por parte de él, cuando en el comedor, se dirigía hacia la mesa del capitán donde tenía su asiento habitual par cenar. El marido, por otra parte, amante de su soledad de dos, cuando lo veía venir decía “Vamos, que viene el viejo”.
Un día en una de las bajadas del barco, en la que todo el mundo andaba cámara en ristre, le dijo ella “Antonio, te voy a hacer una fotos para que tengas un recuerdo” y así lo hizo.

Todo acaba y aquel precioso viaje acabó también. Despedidas, cambios de direcciones, en fin lo de siempre.
Cuando volvieron a casa, Marta le escribió una carta intrascendente contándole como habían pasado el final del verano y le mandó las fotos.
A vuelta de correo, recibió una carta acompañada de un libro que él mismo había escrito. Estaba tan bien redactada y era tan bonita que a ella le llegó al alma. Marta, por aquel entonces acababa de leer “Dios vuelve en una Harley” y para corresponder a su regalo, le envió a su vez, el recién terminado libro.
La empezó, él, a tratar como si fuese para él, ese "Dios" que volvía. Aquello como en "Casablanca” fue el principio de una gran amistad que duró justamente cuatro años, hasta el momento en que él murió, porque su cuerpo se agotó de vejez, no así su espíritu que supongo que si anda por el cielo o por donde sea, seguirá siendo joven e inolvidable.
Sus cartas, poemas a veces, llegaron a ser, para ella muy importantes y para él, las de Marta, una especie de bálsamo en aquellos últimos años de su vida, que fueron de enfermedad y vejez; de hecho él, las describía como divertidas y estimulantes y las reclamaba por teléfono o correo, si se retrasaban.
Se siguieron escribiendo y él mandándole libros suyos, hasta el final. Resultó ser, un gran escritor, cofundador de CUADERNOS PARA EL DIÁLOGO y colaborador en otros periódicos, de mucho prestigio, también. Todo un lujo para Marta, que disfrutó mucho con su amistad y con sus misivas. Ella guarda sus libros y sus cartas como un tesoro y solo siente no haber podido ir a un homenaje que le dieron cuando murió, en su tierra natal Bilbao, en la Fundación que lleva todavía su nombre: ANTÓN MENCHACA CAREAGA”

jueves, 15 de mayo de 2008

PREMIADO. NAJA, NAJA. LA COBRA. XIV CERTAMEN MOTRIL. 2º PREMIO

Lo vi por primera vez a orillas del Nilo, en un pueblo que se llamaba Edfu. Estaba un poco apartado de los puestos de collares, foulards y artículos de mil clases distintas. Solo un poco apartado, porque el abigarramiento imperaba y no permitía grandes distancias. Vio que me acercaba preparando la máquina de fotos y me miró inquisitivo. Al ver una moneda en mi mano su recelo desapareció y asumió su papel de encantador de serpientes y, esgrimiendo su flauta de bambú, empezó a entonar una suave melopea. Se irguió la cobra y mirando a su amo empezó a balancearse al ritmo de la música. Dicen que este sonido es similar al que emite la hembra y que (¡Oh, el amor!) es a ella a quien buscan.
Llegué al barco que nos esperaba atracado allí cerca y, como solíamos hacer, enseñé las fotos a mis compañeros de viaje. El guía también las vio. El había nacido cerca de allí, con lo cual, para él, el hombrecillo de la foto, no era una leyenda como para mí, sino un vecino más que vivía, de eso, de asombrar a los demás con su dominio de las cobras.
Le tiré un poco de la lengua y fue dándome detalles que me interesaban.
Se trataba parece ser, de una tradición, de algo aprendido por algún abuelo de su
abuelo, algo parecido a un brahmán y que había ido pasando de padre a hijo hasta
Kamal, nuestro hombre, que guardaba celosamente su misterioso secreto.
El veneno de las cobras, según me contó Ahmed, nuestro guía, es una neurotoxina que
corroe los tejidos de tal forma que su mordedura resultaba mortal hasta hace
relativamente pocos años en que los científicos descubrieron un antídoto que hizo que
las muertes causadas por las letales mordeduras disminuyeran considerablemente.
Dos mundos opuestos estaban allí, al alcance de mi mano.


El guía Ahmed era un hombre culto, egiptólogo decía él y como tal explicaba con precisión los detalles de tumbas, templos, pirámides, museos y monumentos con sus
relieves representativos de sus faraones-dioses, en tránsito después de esta vida, hacia otro renacer. Les esperaba, después, un mundo casi igual al que dejaban, pero, en el que ya la muerte no existía. En este viaje debían llevar todo lo que en su nueva vida iban a necesitar: alimentos, ropas, joyas, perfumes y enseres, sin olvidar las barcas para surcar los ríos que a la nueva vida les conducirían. Algunos bajorrelieves conservaban incluso el color y no podía uno menos que pensar qué habría sido aquello cuatro mil años antes, en pleno esplendor.
Los jeroglíficos, que cubrían las paredes de los sarcófagos y cámaras mortuorias, encerraban la historia de los faraones y de sus familias constituidas en triadas como la de Horus, Isis madre y su hijo Osiris. Todo aquello y mucho más, resultó absolutamente imposible de descifrar hasta el relativamente reciente descubrimiento de la pieza clave de la Egiptología: LA PIEDRA ROSETTA que, al mostrar una inscripción trilingüe, permitió a un estudioso francés: J. F. Champollion, desvelar los caracteres de la escritura egipcia y con ello mostrar cómo vivían y descubrir un mundo verdaderamente asombroso.
Kamal, nuestro hombrecillo, había sido instruido por su padre, no sabemos cómo. Lo que sí sabemos es que su primer hijo, su primogénito y él más querido murió a la edad de ocho años y que nunca se supo muy bien por qué.
Nuestro guía nos contó que corrían rumores del por qué de semejante desgracia. Según él, a los futuros seguidores de la tradición se les inyectaba una pequeña cantidad del veneno del reptil, para así inmunizarlos. Se hacía esto cuando eran niños, pero en aquella ocasión la cantidad no debió ser la adecuada o quizá eligieron un mal momento y las cosas se complicaron provocando una muerte innecesaria. El concepto de la muerte es distinto en Oriente, pero éste era el único hijo varón y la aceptación del hecho fue digna de cualquier familia occidental: fatal y trágica.
Poco amigo de dar explicaciones, Kamal no admitía preguntas: "Las serpientes me respetan ", decía sin más.
Habíamos entablado, ya, una cierta amistad con Ahmed, que hablaba castellano casi perfectamente y estaba familiarizado con nuestra forma de vivir, tan diferente a la suya. Afectado por la poliomielitis de niño, sufría una cojera que le dificultaba la marcha y tenía una mano inutilizada casi por completo y aunque nunca se quejaba, un gesto de dolor se le escapaba de vez en cuando. Era un hombre joven, unos 38 años, y su vida debía ser el paradigma de lo que era su país: una mezcolanza curiosa. Compartía su casa con los casi cuarenta miembros de su familia y a pesar de ser el suyo, un país en el que la mujer está relegada a un ámbito de inferioridad, ellos constituían un auténtico matriarcado en el que su madre lo organizaba y dirigía todo. Él estaba casado y esperaba ya su cuarto hijo, pero su mujer se limitaba a seguir los mandatos de la madre de él y los de su marido.
Un día nos llevó en un barquito de vela triangular, una faluca, a visitar una aldea nubia, situada a orillas del Nilo en una de las islas que se llaman Elefantinas. Nos había hablado del porte altivo y elegante de aquellas gentes de sonrisa amable. Era una población constituida por artesanos, auténticos artistas que vendían virguerías, hechas por ellos mismos.
Los niños eran verdaderamente agraciados y cautivadores. Una niña que se llamaba Sara, me medio adoptó y me seguía a todas partes. Le acaricié la carita sonriente y le dije: "Sara, guapa" y más lista que el hambre me contestó: "Tú, guapa", con lo cual, yo que soy abuela y por lo tanto facilona para los críos, quedé totalmente subyugada. Puso en mi mano una muñeca tan graciosa como ella, de las que hacían con los materiales de que allí disponían. Me pidió algo para su mamá: una barra de labios, ya que era algo que les parecía irresistible. Un bolígrafo, un caramelo o algún euro era una pequeña fortuna para ellos, pero no daban la impresión de ser gente desgraciada en absoluto.
Vimos también su pequeña escuela y se divirtieron mucho cuando el maestro nos hizo escribir nuestros nombres en su lengua en la pizarra y también los números. Vivían también de los camellos, con gran esfuerzo conseguí encaramarme a uno de ellos. ¡Qué miedo, qué alto estaba aquello! Iban bordeando un sendero sobre el río, en el que en ciertos momentos creímos todos que aterrizaríamos de mala manera...Pues no, no nos pasó nada y resultó ser muy estimulante, especialmente para Ahmed que, desde la barca en el río navegaba plácidamente, muerto de risa al ver los apuros que pasábamos y el miedo que teníamos.
Volviendo a Kamal y sus serpientes, supimos también que la muerte de su hijo contribuía a la inevitable desaparición de ese legendario ser que es el encantador. En 1972 una ley había prohibido tener serpientes como animales "domésticos" y cuando la policía encontraba a alguno con su flauta y su cobra, no era raro que le confiscasen el animal que era su medio de vida, sin darle a cambio un trozo de tierra o enseñarle algún otro oficio, con el que pudiera subsistir. Por eso nos dijeron, los pocos que quedaban, nunca estaban frente a monumentos o lugares principales.
Quedaban, pues, relegados a limpiadores de granjas o de terrenos que liberaban de reptiles a cambio de unas pocas libras egipcias.
Distinta la imagen real a la que yo tenía en mente de esos hombres, dignos personajes de una novela de Rudyard Kipling.

miércoles, 14 de mayo de 2008

COMPOST

Una cosa se iba haciendo patente, con los años. Sus emociones eran cada día más y más incontrolables. Ella, nunca había sido de lágrima fácil. Él, un poco más. Todos, en casa le tomaban el pelo, cuando veían su emoción aparecer inoportuna cuando Heidy, por ejemplo, se separaba de su abuelito. (Reconozcamos, que daba mucha pena).
Ella tenía cierta tendencia a analizar. No hacía caso de la sabía enseñanza de CONFUCIO cuando decía: Si quieres ser feliz, como me dices: No analices ¡idiota!, no analices. Constataba, que en realidad, las emociones estaban estrechamente ligadas al momento y a las circunstancias. En cierta ocasión, por ejemplo, cuando ella tenía diez y seis años y él se acababa de marchar, lejos, a incorporarse a su primer trabajo...Fue entonces, separados como estaban, cuando ella vio aquella película: ROMEO Y JULIETA en las TINIEBLAS. Él nazi, ella judía, jovencitos los dos. En la dichosa película y justo un momento antes de encender la luz: a él, lo matan. En el cine estaba ella con sus dos hermanas mayores, despiadadas en sus tomaduras de pelo. Aguantó como pudo, pero ya por el pasillo empezó a llorar, no suavemente, a “hipíos”y cuando todo el mundo iba haciéndose paso, despacito, hacia la salida. Cogió ella entonces, el pañuelo que un desconocido señor le ofreció y escondió su cara llorosa en él, como pudo ¡Qué vergüenza!
Estas y otras son las vivencias, supongo, que van conformando nuestro particular compost, del que nuestro maestro dice que hemos de extraer la deseada inspiración.
Ángela Magaña

domingo, 11 de mayo de 2008

La Dicha del Jubilado

LA DICHA DEL JUBILADO.
Tema éste, que no parece en principio prestarse a controversia.
Veámoslo aunque así sea: Ese momento que llega después de haberlo esperado impacientemente, parece ofrecer ni más ni menos que TIEMPO LIBRE para descansar, leer, pasear, hacer deporte y poner a nuestro alcance hobbies varios a cual más apetitosos y dispares. Tantos como diferentes personalidades existen.
Yo le digo a esto. NO, simplemente no! No se equivoque! Cual arma afilada que cualquiera puede esgrimir, pero que será utilizada preferentemente por sus vástagos y como premisa a cualquier petición, saldrá a relucir la frase: Tú, que no tienes nada que hacer..... Y seguirá después alguna petición que le impedirá descansar, leer y todo lo anteriormente enumerado como apetitoso para Vd.
Se sumará a todo esto el tiempo que Vd. tendrá que dedicar a las múltiples "cacas" que le acosarán, ahora que tiene tiempo para ir al médico. Ejemplo: cataratas, reumas varios (usados en masculino, e incluso en femenino, véase "la reuma") y otros achaques múltiples y variados. Considerando, sin embargo, más penoso el primer punto de esta disertación (aparecido en el párrafo anterior)
No olvidemos otro punto: los viajes, que se realizan caiga quien caiga, incluso si hay que pasar por encima de algún cadáver. Así pues. LA JUBILACIÓN ES DURÍSIMA. No lo dude. Sin embargo obstínese Vd. en llegar a ella. Además de lo anteriormente reseñado la jubilación es grande, genial y! MERECE LA PENA! Enhorabuena si la ha alcanzado o está Vd. a punto de ello. ANGELA MAGAÑA

sábado, 10 de mayo de 2008

SEISCIENTAS CINCUENTA PESETAS

Recuerdo que aquel fue mi primer trabajo.
Tenía yo quince años y estaba en el colegio. Mi clase estaba en el tercer piso y olía a tiza y también a ollín, añadido a ese olor inconfundible de una clase abarrotada de jóvenes adolescentes. Llevábamos uniformes que diluían, un poco, nuestra individualidad y en los que nos sentíamos cómodas. Nuestros recreos transcurrían en la terraza de un edificio en pleno centro de Madrid, por lo cual y debido al humo de las chimeneas, los calcetines, blancos al salir de casa, viraban rápidamente al color de la ciudad, el gris.
Aquel día la monja, vino hacia mí y me preguntó si me gustaría dar unas clases, después del colegio. Lo de ganarme unas perras, me pareció una idea fabulosa y así cada día, cuando yo acababa, me dirigía a la Plaza del Ángel, donde ayudaba a dos hermanas, un poco más crías que yo, a hacer los deberes.
Un mes transcurrió y cobré, mi maravilloso primer sueldo. Seiscientas cincuenta pesetas, no lo olvidaré. Increíblemente y aunque era una auténtica niña, yo, tenía novio. Mi estado amoroso era grave, severo y mis compañeras, amigas, familia y monjas lo sabían. Era evidente, el amor se me salía por las orejas. Cogí pues ese primer sueldo de mi vida y me fui a una tienda carísima y prohibitiva del centro a comprar un regalo para mi novio. Uno de los dos que le hice. Una pitillera por un lado y por otro las obras completas de GARCÍA LORCA.
Mi ilusión no tenía límite y la compensación que obtuve tampoco. Allí aprendió ÉL a decirme eso de: DEL BESO QUE A TU RISA LE PREPARO, SE TE VA A DERRAMAR LO MENOS MEDIO.

viernes, 9 de mayo de 2008

DERMATITIS SEBORREICA

Tenía la cabeza sobre los hombros, cuidada y limpita. No podía olvidarla, porque estaba ahí y se hacía notar por medio de picores.
Consultó a amigos, médicos y otras gentes. El resultado fue ese: “DERMATITIS SEBORREICA”. Le fueron aconsejados potingues múltiples, entre los cuales: unas maravillosas vitaminas.
La cabeza, en cuestión, seguía protestando.
El peso sobre ella aumentaba. ¡Más vitaminas y más potingues! Todos muy caros y buenísimos.
La lucha se hizo más y más encarnizada. Con tanta vitamina y tanto cuidado, crecían y crecían. Iban necesitando más y más territorio. Lo defendían con frenesí. Sobrevivían sólo los más fuertes, que ya eran menos. Hasta que un día la cabeza empezó a parecer pequeña, comparada con la vida que albergaba.
Como quien gana una guerra lanzando un misil, aquello acabó gracias a un arma de destrucción masiva. ¡UNA LIENDRERA! Masiva fue la destrucción, en efecto, aunque sólo quedaban los más hermosos. Todos ellos murieron a la vez, bien alimentados, felices después de tanta vitamina.
Ella, la que estaba debajo de la cabeza, reflexionando profundamente, se dijo: “Nunca más volveré a pensar: “De este agua no beberé, ni siquiera, este cura no es mi padre”
Sintió luego, como si se hubiese quitado un peso de encima y su cabeza ligera y renovada ahora, dejó de dar la lata. THE END.

domingo, 4 de mayo de 2008

El MUNDO, un GRAN PAÑUELO

Divagaciones a propósito del machacón: DOS DE MAYO.
Hace ya 18 años que se casó mi hija con un buen chico, de Barcelona. En el gimnasio, donde estábamos, se lo comenté a una buena amiga, francesa (no se puede ser perfecto) y su comentario me dejó pegada a la pared.
Me dijo: “Estarás contenta, ahora ya, tienes una hija europea”. Como una hiena, le dije yo: “No sabía que TU, estuvieses casada con un africano”
Ella está felizmente casada, con un españolito andaluz, que le ha salido “canela” y que con todos los respetos, creo, que no lo hubiese mejorado ningún aguerrido “europeo”.
Le sorprendió mucho, a mi amiga, mi respuesta. (Me eduqué entre franceses, por lo que me debe considerar, “más europea”) Me dijo: “No me podía imaginar que ibas a reaccionar así."
Hoy, le hubiese podido contestar que a los españolitos del “DOS DE MAYO”, tampoco parecía hacerles muy felices la idea de “Ser, por fin, otra cosa que lo que eran: ESPAÑOLES.”
En el fondo, ¿qué somos? Somos sólo: “Los mocos”, en el gran pañuelo que es “El mundo”. Para convivir, nos falta aprender a estar calladitos y un poco de eso que nosotros llamamos “SABER ESTAR” y ellos: los franceses, “SAVOIR FAIRE”.
Estaría bien, de paso que los “franchis” se apearan algún ratito de su pedestal y dejasen, desde arriba, de: “PERDONARNOS LA VIDA”. A nivel personal, quiero decir.

ANGELA MAGAÑA

miércoles, 23 de abril de 2008

BATALLITAS

Con esto de la edad provecta (o casi), pratico, últimamente dos deportes. Me dedico a viajar de un sitio a otro (antes también), pero ahora simultanéamente y como disimulandillo, me opero de "cosas": ojos, manos, muñecas, etc.
Por mucho afecto que Vds, sientan por mí, no deben preocuparse. Mi optimismo es absolutamente pernicioso y me siento bien "joven y bella" y con los mismos deseos de siempre de hacer muchas cosas. Exagero, pero tampoco demasiado. Tranquilos, pues.
Más preocupante es que: ¡ME QUIEREN PONER UNA BOMBA! y eso suena a sección de sucesos. ¿ O no? Lo malo es que no voy a poder ni hacerme la interesante, porque la bomba en cuestión es de insulina "vulgaris" Yo creo que lo hacen para quitarme mérito.
Me doy cuenta de que el título, no corresponde a lo escrito. Pensaba en otra cosa, pero como los niños: "Ha sido sin querer. Yo, no he sido" Han sido mis dedos, ellos solitos.
Me pregunto: ¿Me tendré que operar, en breve, de las ideas? ANGELA MAGAÑA.
P.D. Otro día les contaré lo de las batallitas.

miércoles, 16 de abril de 2008

VENENOS. Cuento en 50 palabras.

Kamal jugueteaba, absorto, con la hoja del edicto, Detrás la cobra, Naja. No lo haría, no la mataría. Peculiar única compañera. Sus hijos menospreciaban su oficio, su mujer expandía un veneno más poderoso aún. Disminuían sus reflejos, preveía que acabaría mordiéndole. Ese día, acabaría con ella, morirían los dos.

domingo, 13 de abril de 2008

Me gusta

Su forma de tomarse la vida.
El hecho de que valore, justo, lo que es digno de ello.
Su filosofía.Su alegría.
Lo clara que tiene su vocación.
Que me quiera, que se quiera a ella misma.
Su saber empezar; cada día.
Que sea capaz de estar cerca, con lo lejos que está.
Su poco apego a lo material.
Su capacidad para hablar claro.
Su capacidad de no ofender.
Su corazón, que es grande.
Su cara preciosa.
Su sentido del humor.
Su discernimiento.
Lo bien que me aconseja.
Me gusta todo de ella.
Me gustan muchas cosas, que se que se me olvidan
¿De quien estaré hablando? ¿Lo sabes tú, Ana?

AMIGOS

No se porque siempre me he sentido atraída por la gente mayor. Puede que sea porque mis padres murieron jóvenes. Quizá ni eso. Simplemente, me gustan. ¡Tienen tanto que contar!
Me ha pasado siempre, incluso antes de ser yo misma talludita.
Siempre ha habido un anciano en mi vida. No fue la primera, pero hubo una Dª Aurelia, a la que quise mucho, con un amor correspondido. En principio, nos unía la diabetes. Creo que ella me adoptó por eso. Era yo, muy jovencita entonces. Ella era una viejecita guapetona, graciosa y pulcra, con mucho sentido del humor. Hablar con ella era una gozada auténtica. Contaba que su marido había sido tan feo, que nunca tuvo que molestarse en sentir celos. Otras cosas, serias y pasadas, contaba ella festivamente y sin hacer tragedia. Por ejemplo: que su padre (y toda la familia con él) se arruinó en el juego, nada menos que en tres ocasiones. "Cuando no puedo dormir,- decía ella- pienso en cosas que me gustan y ¿qué me gusta a mí?- añadía- me gusta el dinero". Así es que sus pensamientos le quitaban el insomnio. Dio la casualidad de que yo estaba con ella, cuando murió y la tenía cogida de la mano en el momento. Nos dijo. "No os preocupeis, hijos, que yo, no me malogro".
La recordaré siempre como encantadora. ¡Ojala esos ánimos, fuesen tónica general! ANGELA

martes, 8 de abril de 2008

VACIO

Vacio: El que siento cuando después de acabar un buen libro, no me he sumergido todavía en el siguiente. Cualquier lector que se precie, me comprenderá. Seguro.

miércoles, 2 de abril de 2008

Propósito

Creo recordar que el crear este blog partió de la idea de que el hecho de escribir, nos resultaría más fácil si cada día nos sentábamos un ratito, enfrente de la hoja en blanco, con la intención de eso: escribir algo. Lo hice desde el primer día. Ahora y cada vez con mayor intensidad veo que no es así. Me cuesta más y más encontrar un tema que, a mí la primera, resulte interesante.

Mi vida no lo es mucho, últimamente. Puede que como en los tiempos románticos de Byron y Espronceda, resulte que la paz relativa (siempre) y personal en mi caso sea poco digna de contarse. Recurrían ellos a los grandes amores, desgraciados por supuesto, a sus perdidas en el juego, a sus tísis y a otras zarandajas. Capaces eran, si necesario y por darle color a sus escritos, de batirse en duelo y de suicidarse incluso, si era necesario. Siempre he dicho yo, como pidiendo permiso para no ser estricta en lo que cuento, que hay que intentar "darle color a la conversación" Suicidarse, queda exageradillo, así es que habrá que pensar alguna que otra cosa. Me duele una mano...¿bastará con eso?

Mientras tanto, me avergüenza casi hablar de mis amores. Mi oponente no es otro que mi nieto de 6 años, pero si eso, no son amores: ¡Que venga Dios y lo vea! Nuestras conversaciones son insuperables y creo que altamente sorpresivas e interesantes. Para él lo que le cuento yo y para mí lo que me cuenta él. El capítulo "declaraciones de amor" no dejemos que pase desapercibido. Un precioso de esa edad, te dice: "te quiero mucho, abuela". La abuela en cuestión se derrite seguro. Como veis, puede resultar altamente peligroso.

No es un niño de seis, es una personilla en formación, pero con un criterio propio y con una capacidad de razonar increíblemente nueva y sin las preconcebidas malicias que lo estropean todo. No olvidaré sin embargo su increíble sentido del humor. Los niños que lo tienen, que no son todos, hacen gala de él desde bastante pequeños. Esto, lo he discutido alguna vez con gente que dice que un "casi bebé": No tiene sentido del humor. Suicidarse, me perece excesivo pero por esto último: apuéstome lo que haya menester.

Vds. perdonen, pues, mi falta de inspiración momentánea. Intentaré ponerle remedio. ¿Qué tal un viaje en globo al Cabo de Buena Esperanza? ¡Que pereza...! Pensaré en otra cosa...No se, no se... ANGELA

sábado, 15 de marzo de 2008

Con música de tango

Tiempo fugaz, incoherente.
¡Maldito sea el queso de bola! Me preguntó por qué, pero la triste verdad es que el tiempo, fluye, corre y se va , rápido como el viento. Lo peor es que sólo de una manera se puede evitar esa fugacidad. ABURRIRSE. NO SENTIRSE BIEN. Esto no nos gusta así es que, otra vez la emprendo con el pobre queso de bola. ¡“mmm…ditosea”!
¿Y si le cantásemos eso de "No te, vayas todavía. No te vayas por favor..." ¡TAMPOCO!
Como todos vosotros “blogueros” del alma, compañeros míos, sois (me consta) sagaces, sólo os diré una cosa sobre mi misma y mi momento actual. No las veo venir. Se me pasan volando los días y las semanas
Un abrazo amiguetes. Hasta pronto. ÁNGELA

viernes, 22 de febrero de 2008

Chocheces 100 palabras

Todavía algunas veces huele a sangre, pero, el tiempo ha pasado. Ya viejo, me asomó a la ventana y el dolor ya no está ahí. Veo a mis nietos jugar. ¡Juegan a soldados y guerra! ¿Qué sabrán, ellos, lo qué es eso? Sus armas, son escobas y sus ruiditos: "Pum, pum" sólo me hacen sonreír. ¡Bendita ignorancia, qué no sabe de la sordera que provocan las ráfagas, ni de las cegueras que siguen a los fogonazos! Ni de la muerte, ni de la separación, ni del olor a sangre. Mi mirada se eleva y creo en mi dios que es la paz. ÁNGELA MAGAÑA

miércoles, 20 de febrero de 2008

Del Beso...

Del beso, que a tu risa le preparo, se te va a derramar lo menos medio...¡Qué bonito! ¿Verdad?
Son recuerdos de juventud. Sólo eso...yo no escribo cosas tan bonitas. Las siento dentro. También vale...¿no?
Ahora valoro cosas como: mi pareja, los amigos...¿donde estáis amigos? ¿Por qué os vais yendo lejos de aquí? Os echo de menos y... a los hijos y a los nietos y a los hermanos y a cualquier tiempo pasado que, en realidad, fue mejor o ¿no fue mejor?...También las hemos pasado "canutas". De todo ha habido.
Mejor, os dejo con un: "HASTA MAÑANA". ANGELA MAGAÑA

martes, 12 de febrero de 2008

COMIENZA EL DESFILE

Éramos diez. Hasta anoche éramos: diez primos hermanos. Hijos de tres hermanos, que ya murieron.
Ayer murió una, de los diez.
Como en tus "Diez Negritos", amiga Agatha.
El asesino no es, esta vez, el mayordomo. Es la vida misma, inexorable. Ahora ha comenzado él desaparecer que nos atañe a nosotros, a nuestra generación familiar. Pensemos en ello y aferrémonos al momento en que vivimos. Nuestro momento, conscientes de que el reloj sigue corriendo.
En cuanto a la que ya acabó, lejos de aquí, en su Soria querida. Ya no sufrirá más. TODO HA ACABADO.
DESCANSE EN PAZ.
ANGELA MAGAÑA

jueves, 7 de febrero de 2008

Al pan, pan y al vino, vino.

En una ciudad pequeña y bonita, había un club a orillas del mar. Iba allí lo más granado de la sociedad y lo menos granado, también.
Gentes había que iban allí a hacer deporte y a pasar amablemente unas horas de más o menos solaz y de bastante esparcimiento.
Había un grupo de hombres jóvenes que, además de a empinar el codo con aplicación, se dedicaban (y esto lo hacían con frenesí) a presumir de sus "supuestas" conquistas amorosas.
Algunos extranjeros, procedentes de climas menos benignos, acudían a la ciudad de vacaciones. Ocurría con frecuencia que se enamoraban del lugar y allí se instalaban. Unos preferían la orilla del mar o la ciudad y otros: un chalet, más o menos encaramado a las montañas de alrededor, desde donde poder gozar de un precioso paisaje.
Aterrizó pues, por allí, una pareja joven de escoceses. Ella vivía prácticamente sola en la montaña, ya que su marido viajaba mucho. Desocupada y aburrida, bajaba con frecuencia al club del que hablamos. Despertaba la curiosidad de los foráneos: mujer sola, vistosa y emanando un curioso olorcillo a coñac, al que pegaba fuerte. Se supone que así llenaba sus soledades.
No tuvo otra idea uno de los caballeretes del grupo, que presumir de que se había acostado con ella.
La noticia llegó a los oidos de la interfecta. Todo dentro de lo normal, en un lugar en que el cotilleo era la principal ocupación.
Pasaron unos días, muy pocos, y llegó ella al club, en plena reunión de los imaginativos mal hablados. Se acercó decididamente al grupo y dirigiéndose al mentiroso fanfarrón, en un español muy deficiente pero con una voz muy potente, le dijo. "Vamos a ver: ¿Cuando tú follar mí?"
Más claro agua y, buen corte para aquel melón. "AL PAN, PAN Y AL VINO, VINO"
ANGELA MAGAÑA